Peña la Rosa: cuando el vino es más que vino

JUSTO RODRÍGUEZ

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Peña la Rosa: cuando el vino es más que vino

Pilar Fernández Eguíluz sorprende con una cata emotiva de vinos artesanales y respetuosos con la tradición y los terruños de Ábalos

Alberto Gil
ALBERTO GIL Logroño

«Si no hubiera romanticismo en los vinos no estaría aquí». Con estas palabras recibió Pilar Fernández (Bodegas Fernández Eguíluz, Ábalos) el jueves por la noche a los aficionados del club de catas de lomejordelvinoderioja.com. Nieta e hija de viticultores, la bodeguera recordó que su hermano Carmelo se formó para continuar en la bodega, mientras que ella, la chica, hizo lo propio pero para no trabajar en el campo, como sucedía en la mayoría de las familias entonces. Pilar Fernández estuvo trabajando en una empresa textil de Logroño hasta el 2001, cuando decidió volver a la bodega familiar: «Me reconvertí y volví a estudiar enología en Logroño». «Mi padre y mi hermano habían empezado a embotellar con marca propia en 1990 y vendíamos un joven de maceración carbónica, pero tenemos mucho viñedo viejo y decidimos empezar a apostar también por las pequeñas producciones para sacar partida a estas parcelitas, en muchos casos muy sentimentales, que tenemos».

Vídeo. Fernández Eguíluz, en el club de catas. / Justo Rodríguez

Romanticismo, emoción, humildad y vinos con alma y con pequeñas historias. Fue la propuesta de cata de la viticultora, con una apuesta contra viento y marea por la maceración carbónica como método de elaboración: «No todo tiene que ser maceración carbónica en Rioja, pero tampoco es justo que se encasille a esta práctica, ancestral en nuestra zona, como de 'segunda' o que no sirve para envejecer los vinos», advirtió Pilar Fernández.

La cata

Comenzó con Peña La Rosa 2021, la referencia principal de Fernández Eguíluz. Sin lugar a dudas, uno de los mejores vinos jóvenes de maceración carbónica que se hacen en Rioja y con un precio más que asequible para todos los bolsillos: fresco, frutal, agradable y, como bien avanzaba Pilar, que contradice esa idea de que son vinos que a mitad de año se vienen abajo. «Yo creo que esto viene porque algunas bodegas utilizaban las peores uvas, sin prestar demasiada atención a la elaboración, para estos vinos, pero para nosotros es el más importante, el que no puede fallar». Y no lo hace, ni mucho menos: «En mi casa decimos, botella abierta, botella muerta», dijo entre risas la bodeguera.

La Cantarada de los Mozos 2018 entra en el terreno de las colecciones artesanales y limitadas de Fernández Eguíluz. 1.770 botellas de un tempranillo (100%) de varios viñedos seleccionados de Ábalos, elaborado por maceración carbónica con una crianza en barricas usadas de cuarto o quinto año: «Vais a ver en todos nuestros vinos largura en boca, pero no especialmente estructura, ya que para nosotros es muy importante la frescura y que sean fáciles de beber». Así es La Cantarada, un vino que algunos pueden considerar abierto de color, pero muy fresco, con una notable sensación de fruta roja y de 'trago largo', marca de la casa.

Peña La Rosa El Secreto del Abuelo 2017 es otro maceración carbónica de largo recorrido. Potente, con más estructura y fruta más negra que el anterior, pero igualmente muy amable en el paso por boca: «Aquí usamos roble francés de segundo uso porque el vino tiene más cuerpo y se llama el Secreto del Abuelo porque lo que intento es recordar esos paseos que daba por las viñas con mi abuelo e íbamos catando las uvas para ver si estaban maduras».Los vinos y sus precios

Los vinos de la cata y su sprecios

  • Peña La Rosa 2021 Maceración Carbónica 4 euros

  • La Cantarada de los Mozos Tempranillo 2018 17 euros

  • Peña La Rosa El Secreto del Abuelo 2017 16 euros

  • La Cantarada de los Mozos San Prudencio 2018 24 auros

  • La Cantarada de las Mozas Blanco 2019 32 euros

  • Peña La Rosa Grano a Grano 2016 Aún en bodega sin salir al mercado.

La parcelita del abuelo

La Cantarada de los Mozos San Prudencio 2018 es el vino menos convencional, aunque, en realidad, ninguno lo es. Procede de una parcelita centenaria en la que las cepas de tinto, de tempranillo mayoritario, se mezclan con las de blancas: un vino suave, sorprendente, con un estilo muy borgoñón y, aunque quizás no para todos los gustos por la presencia de tanta uva blanca, finamente delicado. «Es el vino más sentimental para mí, porque esa era la parcelita de mi abuelo, y, aunque algunos dicen que tiene poco color, a mí no me importa porque el color no me lo bebo», explicó Pilar. Son 417 botellas, aunque en no habrá de las añadas 2021 ni 2022 porque la escasa producción se la comieron los corzos y los conejos.

Pilar Fernández sorprendió con el quinto vino, La Cantarada de las Mozas Blanco 2019, que colocó tras los tintos y que es otra microvinificación artesanal (660 botellas, agotadas desde hace meses y de las que la bodeguera guardó seis para esta cata): «¿Quién puede decir que con la viura no se pueden hacer grandes vinos?», se preguntó. Difícil sostener esta teoría tras probar La Cantarada: vibrante en nariz, amplio en boca por el trabajo con lías y con un acidez natural potente, pero nada agresiva que hace salivar sólo con olerlo. Un gran vino gastronómico.

Peña La Rosa Grano a Grano 2016 era el último del programa. El primer desgranado de Pilar que, en compañía de amigos, fue quitando una a una las bayas de los racimos de tempranillo más sueltos para obtener 546 botellas: «Cometimos el error, en esta primera añada, de hacer el desgranado de una vez y acabamos sumando ¡166 horas de 'tiki-taka'¡, pero, bueno, aprendimos que para próximos añadas había que hacerlo por días y no todo de golpe...». Es el vino más potente y, aunque la viticultora temía que le costara abrirse tras seis años en bodega, lo hizo casi desde el primer momento.

Pilar guardaba además una sorpresa para los aficionados. Una elaboración, aún en bodega, de unos pocos kilos de una garnacha centenaria de Cordovín que la viticultora vendimió en cajas en su furgoneta en 2019 y sacó ayer del depósito expresamente para la cata: un vino sorprendente, con una acidez natural muy potente y una frutaza de frambuesa espectacular, aunque habrá que esperar todavía para ver cuándo lo embotella y lo saca al mercado.