Eduardo Hernáiz, en un momento de la presentación en el Club de Marketing. / Justo Rodriguez

Finca La Emperatriz: rumbo al Norte

Los hermanos Hernáiz reinventan la histórica finca tras veinte años, con una nueva gama que combina el terruño y el clasicismo de Rioja Alta y que presentaron en el club de lomejordelvinoderioja.com

Alberto Gil
ALBERTO GIL Logroño

La cosecha 2016 supone un antes y un después en Finca la Emperatriz. A los veinte años de la adquisición de la histórica finca de Baños de Rioja, los hermanos Eduardo y Víctor Hernáiz decidieron replantearse todo el proyecto: «La decisión no fue fácil porque teníamos siete vinos, con cuatro parcelarios varietales de gran aceptación, pero estábamos haciendo vinificaciones de prueba desde 2014 para centrarnos en menos vinos y pensamos que era ahora o nunca».

El cambio, palpable desde este año con la puesta en el mercado de las nuevas referencias, mira hacia al Norte, hacia Burdeos y al modelo de los míticos châteaux, pero también al pasado y a las propias raíces del terruño de Baños, en el límite de cultivo junto a Santo Domingo de la Calzada: «La Emperatriz es una finca de cien hectáreas, conocida como 'La Viña' en el catastro del Marqués de la Ensenada de mediados del siglo XVIII y que fue adquirida en el XIX por Eugenia de Montijo, la última emperatriz de Francia», recordó Eduardo Hernáiz. «Es decir, tenemos un pasado francés, pero lo importante –añadió– es el terruño, atípico y singular, marcado por un suelo muy pobre de cascajo y arenas, con un clima muy frío y con cosechas muy atlánticas, es decir, ideal para hacer vinos de largo recorrido, que envejecen muy bien y que no es otra cosa que lo que ha caracterizado históricamente a esta zona de Rioja Alta».

Con estos elementos en la 'coctelera', Eduardo Hernáiz presentó el viernes por la noche para el club de catas de lomejordelvinoderioja.com el resultado de la arriesgada apuesta: el segundo vino de la propiedad, El Jardín de la Emperatriz, y el primero, Finca La Emperatriz Gran Vino. Es decir, el mismo modelo de los grand crus bordeleses adaptados a la viticultura de Rioja Alta.

La cata

La propuesta comenzó con Jardín de la Emperatriz Blanco 2019, un vino con nervio, exponente de viejos viñedos de viura en una zona, con un suelo y un clima especialmente bueno para los blancos: «Es un vino que no toca la madera, que trabajamos parcialmente en hormigón y acero inoxidable, un poco con las lías aunque no excesivamente, porque queremos que muestre tanto la franqueza de la uva como del propio terreno».

El Jardín de la Emperatriz 2017, su 'hermano' tinto, sustituye al anterior crianza de la casa y se beneficia de la desaparición del reserva: «Entran uvas de viñedos más viejos e incorpora un 5% de garnacha, con un poco de graciano y maturana tinta y un 2% de viura». La tradicional receta de mezcla varietal de Rioja Alta para un resultado espléndido: no es fácil encontrar ahora mismo en Rioja un crianza tan equilibrado y completo como el Jardín.

Los grandes vinos

Finca La Emperatriz Gran Vino Blanco 2016 adelantó este año unos meses su lanzamiento –hubiera salido en septiembre– para dar a conocer el nuevo proyecto con clientes y distribuidores desde el pasado mes de enero: «Al principio hubo de todo, gente que decía que le daba pena 'perder' algunos vinos que habíamos sacrificado, pero ahora la aceptación está siendo extraordinaria», explicó el bodeguero.

Hernáiz contrapuso en la cata los Finca La Emperatriz Gran Vino Blanco 2016 y el 2017, aunque este último no saldrá al mercado hasta dentro de diez meses, en un bonito juego de 'terroir': «Nuestra propuesta es el terruño y la añada 2016 fue una cosecha fría, con lluvias y atlántica, mientras la 2017 fue, además de la de la famosa helada, la más cálida y temprana de nuestra historia que, increíblemente, acabamos de vendimiar para el 18 de septiembre..., ¡en la zona más fría de Rioja¡».

Galería. Justo Rodriguez

La comparativa es espectacular: ambos blancos son finos, complejos, sin atisbo alguno de evolución –pese a los cuatro años ya del 2016– y con una madera perfectamente integrada. La diferencia es la añada, el 'terroir' como sostiene el bodeguero, con más estructura y volumen para el 2017.

El mismo juego repitió Eduardo Hernáiz con Finca La Emperatriz Gran Vino Tinto 2016 y 2017: elegancia y delicadeza, con un recorrido que no ha hecho más que comenzar en el caso del 2016 y con más potencia en el 2017, aunque, ahora mismo, la madera está bastante presente:«No nos preocupa, el vino no saldrá al mercado hasta septiembre del año próximo y, en las diferentes pruebas ya nos llevamos algunos 'sustos', pero sabemos que para cuando llegue el momento la madera estará perfectamente integrada», avanzó Hernáiz.

Será entonces, en septiembre de 2017, cuando el vino incorpore la etiqueta de vino de viñedo singular: «Hemos inscrito las 30 hectáreas más viejas de la finca; nosotros ya estábamos trabajando este concepto desde hace tiempo, pero creo que una categoría tan exigente que, por primera vez pone el foco en el viñedo y no en la madera, será muy positiva para Rioja», dijo el bodeguero.

La Emperatriz Gran Vino tiene la virtud además de combinar el viñedo singular con el 'clasicismo', con mezcla de tempranillos con un alto porcentaje de garnacha (25%) y viura (5%) de las cepas más viejos y con la contraetiqueta de reserva: «Yo no veo contradicción alguna entre el vino de largo envejecimiento y los parcelarios, incluso varietales; Rioja necesita buenos vinos y los hay de viñedo singular y clásicos».

Los vinos de la cata

  • El Jardín de La Emperatriz Blanco 2019. 8,5 euros.

  • El Jardín de la Emperatriz Tinto 2017. 11 euros.

  • La Emperatriz Gran Vino Blanco 2016 y 2017. 34 euros (la 2017 saldrá al mercado en septiembre de 2021).

  • La Emperatriz Gran Vino Tinto 2016 y 2017. 34 euros (la 2017, en septiembre de 2021).