Justo Rodriguez

Finca de la Rica: cuando el origen define

La bodega de Labastida cierra la temporada 2020 con una colección de vinos con identidad de pueblo y su 'terroir' como hecho diferencial

Alberto Gil
ALBERTO GIL Logroño

Benditas oportunidades aún en tiempos de crisis. La anterior, la de burbuja financiera, tiró por el suelo el precio de la uva y los hermanos Arturo y Javier Amurrio Barroeta decidieron dejar de vender a otras bodegas de renombre la producción de sus más de 40 hectáreas de viñedo en Labastida y comenzar a elaborar sus propios vinos.

Asociados con Ignacio Uruñuela y Luis Fernando López, pusieron en marcha Finca de la Rica, un pequeño proyecto bodeguero que, después de diez años, vuelve a afrontar una crisis, en este caso sanitaria, con el cierre de la hostelería, donde vende el 90% de sus vinos: «Rioja comercializa unos 400 millones de botellas, pero el 80% de las bodegas que hay vendemos únicamente el 20%, así que nadie dijo que esto iba a ser fácil», explicó Ignacio Uruñuela.

Los cuatro integrantes de la 'familia' de la Rica, al completo, presentaron el viernes por la noche para el club de catas de lomejordelvinoderioja.com la propuesta de un proyecto basado en la identidad de los viñedos, que los Amurrio cultivan durante cinco generaciones en Labastida: «Son 45 hectáreas, pero también 45 parcelas, pequeños plantaciones a los que se dedican en cuerpo y alma Arturo y Javier, pero que son la clave, la base, que nos hace diferentes». «El Consejo Regulador, por fin en el 2017, y digo por fin porque habían pasado casi cien años desde la creación de la denominación de origen, comenzó a legislar sobre la diferenciación de vinos más allá de por su tiempo de estancia en barrica o en bodega. Es un nuevo camino que será lento, pero estoy convencido de que en generaciones posteriores ya no se hablará de crianzas o de reservas sino de los vinos de tal o tal municipio de Rioja».

De momento, Finca de la Rica etiqueta ya todas su referencias como vino de Labastida: «Estamos en una zona privilegiada de Rioja, la parte más noroccidental marcada por la Sierra de Cantabria y el río Ebro, por unos suelos arcillo-calcáreos que definen el carácter y la frescura de nuestros vinos», señaló Ignacio Uruñuela.

La cata

Comenzó con uno de los esenciales de Finca de la Rica, El Guía, un vino joven, con unos pocos meses de paso por barrica y pensado, sobre todo, para la rotación en barra: «Es un vino con el que identificamos la añada, la cosecha, que cada una es diferente, porque nosotros no mezclamos uvas de diferentes procedencias de Rioja». El juego fue divertido, El Guía, aún sin embotellar nada más hacer la maloláctica, de la última cosecha 2020 (espectacular por cierto) versus El Guía, el actual en el mercado de 2019.

Los vinos de la cata y sus precios

  • El Guía 2019 6,25 euros.

  • El Buscador 2017 8,15 euros

  • La Candelara Blanco 2016 14,45 euros.

  • El Rincón de los Enebros 2018 12,95 euros

  • El Nómada 2016 14,45 euros

  • Las Cabezadas de Matadula 2018 39,90 euros

El Buscador 2017 es el crianza de Finca de la Rica, otro de los vinos que acompaña a la bodega desde su fundación: «Es nuestro caballo de batalla, tempranillo y garnacha con una crianza en roble francés y americano». Uruñuela recordó que tras las dos primeras añadas tuvieron que redefinir El Buscador: «Utilizamos al principio solo roble francés y vimos que los clientes estaban demandando un estilo 'más Rioja', con el ligero gusto del roble americano y partir de 2012 lo incorporamos también para la crianza..., errores de principiantes». Limpio, amable, con la fruta como protagonista, el objetivo está perfectamente cumplido con este vino.

Los parcelarios

La Candelara 2016 es el único blanco de la casa. Un vino de viejas viuras que incorpora garnacha blanca y malvasía de una plantación más joven. Con una muy buena integración de la madera, es uno de los mejores vinos de la noche: fresco, frutal, con acidez natural y una boca amplia y muy agradable.

El Rincón de los Enebros 2018 es la última etiqueta en salir al mercado. Procede de un viñedo, de nombre Las Ginebras, tempranillo y garnacha que sorprende por la amabilidad de beber y un vino que es muy difícil volver a poner el corcho una vez abierto: «Es una gama media, aunque lo hemos etiquetado como si fuera premium y sorprende por esa facilidad de trago; criado íntegramente en roble americano, para 'beber como los peces en el río'» describió, con acierto, Uruñuela.

La cata continúa, de menos a más complejidad, y pega un buen salto con El Nómada 2016: «No es un parcelario, sino de cuatro parcelas seleccionadas, tempranillo con graciano y era, desde el principio, nuestro vino 'top'». Más complejidad, más fruta negra y roble francés bien integrado: el vino más potente de la cata.

La propuesta de Finca de la Rica concluyó con las Cabezadas de Matadula, un viñedo singular así reconocido por el Ministerio y, también, un vino de viñedo singular porque esta cosecha 2018 ya ha pasado la cata antes de salir al mercado que, a diferencia del resto de vinos de Rioja, se exige a estas elaboraciones y con resultado excelente (93 puntos o más). De hecho, son varios aspirantes lo que se han quedado en esa cata pero no Las Cabezadas de Matadula: «Es sólo una parte de un viñedo del mismo nombre, la alta, la cabezada, muy cerca del Toloño y que ya cuando catas las uvas en el viñedo te das cuenta de que son especiales», dijo el bodeguero. El resultado, un buen concepto del viñedo singular: fresco, largo, sin abusar de la estructura, y con un gran recorrido por delante, pese a que ya está para disfrutarlo». Bonita, y didáctica, cata para cerrar este atípico 2020, con el origen como hecho diferencial hacia nuevas páginas por escribir de Rioja.