Patricio, sentado, Ismael, Janire y Sergio Moraza. / J. RODRÍGUEZ

Moraza: la pureza de San Vicente

Moraza, una de las escasísimas bodegas riojanas certificadas como biodinámicas, presenta el jueves día 11 sus vinos parcelarios de San Vicente | Las entradas para la cata se han agotado

Alberto Gil
ALBERTO GIL Logroño

No es Moraza una bodega al uso por muchos motivos. Janire y su marido Patricio, junto con sus primos Ismael y Mario, son la nueva generación que ha dado una vuelta de tuerca –más bien un giro de 180 grados– al proyecto que en los años 80 del siglo pasado comenzaron sus padres, Jesús Senén y Víctor: «Ellos dieron el gran paso de viticultores a cosecheros y yo creo que cada generación debe aportar algo nuevo; en esas estamos nosotros, aunque ellos lo tuvieron muchísimo más difícil». Algo, o mucho, nuevo porque Moraza es una de las escasísimas bodegas de Rioja acreditadas con el sello Demeter –biodinámica–, un paso más tras certificar sus vinos como ecológicos hace década y media: «La biodinámica es una filosofía de vida, más allá de conceptos espirituales, queremos dejar una tierra mejor a nuestros hijos y trabajar por un modelo en que una familia puede vivir dignamente sin tener que ser terratenientes», explica Janire Moraza. «En Francia la biodinámica es habitual en productores como nosotros, como lo es también el conocimiento y el respeto a tus propios viñedos».

En este sentido, Moraza, con sus 23 hectáreas de viña, elabora vinos parcelarios, etiquetados como de pueblo desde 2018 y con la pretensión de hacer vinos como los de antes: «No buscamos grado ni estructura, sino acidez natural para vinos frescos, finos y elegantes, de los que bebían nuestros abuelos y que ellos mismos sabían identificar a paladar; no utilizamos la madera, sino el acero inoxidable y el hormigón, pero no hacemos vinos jóvenes», explica Janire. «¿Más o menos Rioja? No lo sé, que lo juzgue el público... Nosotros hacemos vinos con corazón, con pureza, lo que no significa perfección». Janire Moraza presenta el próximo 11 de noviembre para el club de catas de lomejordelvinoderioja.com una muestra de sus elaboraciones, tres blancos y tres tintos que se envejecen en depósito inoxidable (los blancos) y en hormigón (los tintos). Ninguno de ellos llega a los 13 grados y es que, cuando Moraza termina de vendimiar, algunos ni han empezado en San Vicente.

  • La cita El jueves 11 de noviembre a las 20 horas, en el restaurante Delicatto, con plazas para los primeros inscritos en Oferplan de larioja.com y lomejordelvinoderioja.com (10 euros/persona) y dos entradas dobles gratuitas para suscriptores ON+.

  • Los vinos de la cata. Tres blancos Moraza Los Terreros 2018, Moraza Las Tasugueras 2028 y Moraza Cuatro Caminos 2019, más tres tintos: Soplar 2020, Moraza Garnacha 2017 y Moraza 4 Caminos Tempranillo 2018.

La cata

«¿Si son más o menos Rioja? Que cada uno juzgue... Hacemos vinos con corazón y pureza, lo que no es igual a perfección»

Comenzará con Moraza Los Terreros 2018, un blanco de 11.5 grados, de una parcela de viura (90%) y otras variedades de una vieja plantación: «El vino fermenta en depósito de inoxidable y luego lo envejecemos un año en el mismo depósito y otro en botella».

Moraza Las Tasugueras 2018 es un parcelario de la zona alta de San Vicente. Los terrenos que la familia consideró más aptos para el tempranillo blanco: «Es una variedad que madura rápido y la frescura para nosotros es fundamental, por lo que plantamos sobre los 600 metros», explica Janire. «Es nuestro blanco con más grado, 12,5».

Orange wine y tres tintos

Moraza Cuatro Caminos 2019 es un 'orange wine' de las cabezadas plantadas de viura de la parcela del mismo nombre: «En este caso sí hacemos una maceración pelicular (con pieles), buscando una fina oxidación y elegancia». «Tiene mayor estructura que los anteriores, por ese mes que está con las pieles, pero creo que también hay mucha delicadeza».

Moraza presentará también otros tres tintos en la cata. El primero de ellos Soplar 2020, toda una declaración de intenciones con el nombre: «Es un vino de segundo año, el único 'blend' (mezcla de variedades y parcelas) que vamos a probar en la cata, fácil de beber, con frescura y para disfrutar de una mezcla de tempranillo y garnacha al 50%». «Uno de los mayores piropos que nos han echado en este mundo del vino –continúa Janire– fue cuando una persona mayor lo probó y me dijo que estaba seguro que era un vino de San Vicente o, como lejos, de Ábalos, que le recordaba a los que había bebido cuando era joven...».

Moraza Garnacha 2017 es un vino de dos parcelas de Ábalos: «Son viejas garnachas, cuyo material vegetal creemos que vino de Francia en los años 60 y que, con las décadas, se han asentado a la perfección en la zona». El vino envejece durante dos años en hormigón y otro en botella. Como cierre, Janire Moraza propone Cuatro Caminos Tempranillo 2018: «Es la misma parcela que el blanco, en este caso una selección de uvas de tempranilo que envejece dos años en hormigón y otro en botella antes de que lo saquemos al mercado». Vinos distintos, libres, envejecidos sin madera, incluso 'frikis' si así queremos llamarlos –aunque muy de moda en el mundo–, pero con corazón y pureza, tal y como argumenta la viticultora.