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El baúl de los viñedos

González Rodríguez, durante uno de sus comentarios en la cata.
González Rodríguez, durante uno de sus comentarios en la cata. / Jonathan Herreros
  • Barón de Ley presentó su colección de varietales para lomejordelvinoderioja.com y dos grandes vinos de ensamblaje de las tradicionales uvas de Rioja

“Somos unos privilegiados”. Así de claro se mostró Gonzalo Rodríguez, enólogo de Bodegas Barón de Ley, en referencia a la expansión como propietaria de viñedo que la bodega de Mendavia ha tenido en los últimos 15 años. Barón de Ley es, con 750 hectáreas, el mayor 'terrateniente' de Rioja con espectaculares plantaciones en Cenicero, en el entorno de la propia bodega, en Ausejo y en Carbonera (Tudelilla). En diferentes suelos, altitudes y microclimas investiga el comportamiento de las diferentes variedades de Rioja, cuyo exponente fue el lanzamiento hace un par de años de una colección de vinos monovarietales que tuvo un gran éxito internacional que actualmente repite en España.

Gonzalo Rodríguez y José María del Río presentaron el lunes por la noche para lomejordelvinoderioja.com buena parte de la colección varietal de Barón de Ley, junto con dos grandes ensamblajes de las variedades tradicionales de Rioja. Barón de Ley es una de las firmas que, desde su fundación en 1985, más clara ha tenido su apuesta por Rioja. Eduardo Santos-Ruiz concibió la bodega, asentada sobre un antiguo monasterio, como un chateau bordelés para la elaboración de vinos de reserva y gran reserva. En este sentido, hoy Barón de Ley es una bodega ‘atípica’ que comercializa dos millones de botellas de reserva y 400.000 botellas de gran reserva, una gran máquina de elaboración y venta de Riojas premium, presente en buena parte del mundo y con varios proyectos ‘entre manos’ por delante.

La cata

Rodríguez presentó en primer lugar el Barón de Ley Blanco 2013, un vino joven de viura y malvasía al que, en breve, irá incorporando variedades foráneas que la bodega están plantando en una extraordinaria extensión en la Sierra de Carbonera en condiciones límites de cultivo por la altitud (hasta 850 metros), pero sin 'pervertir' la esencia de la viura: “Tenemos unas viuras extraordinarias del Najerilla y éste es un vino que nos satisface enormemente al equipo técnico porque es mucho más difícil hacer un buen blanco que un buen tinto y más con la viura, que es una gran variedad, pero que precisa mucho trabajo tanto en el campo como la bodega”. El enólogo recuerda que “hemos pasado de vender 5.000 cajas de este vino a 24.000 en los últimos diez años”, afirmación con la que deja a las claras las posibilidades del blanco riojano.

Del blanco al tinto, con el Barón de Ley Reserva 2009: “Es nuestra infantería –explicó Gonzalo Rodríguez-, la que llega al consumidor y la piedra angular sobre la que se asienta el concepto de bodega”. En la cata destaca por su paso agradable por boca, un vino sin ostentanción, pero armoniosamente equilibrado: “La enología no es estática; poco tiene que ver la nuestra con aquellos primeros de los años 80 pero sí sigue una línea de continuidad hasta hoy en día que nos ha hecho ir ganando clientes”. “¿Fruta?, sí la tiene, pero en la medida que debe tener un reserva; para mí, para nosotros, lo difícil no es obtener fruta, sino complejidad”, advirtió el enólogo.

Jose María del Río cogió el testigo para presentar los varietales tintos de la bodega fruto de la experimentación en las diferentes zonas del viñedo de Barón de Ley (Cenicero, Mendavia, Ausejo y Carbonera). El Barón de Ley Garnacha 2011 se cultiva en Ausejo, con una leve crianza y con el objetivo de presentar una garnacha tranquila, no excesivamente pesada ni sobre madurada pese a alcanzar los 14 grados: “La frescura es fundamental para nuestros vinos –apunto Del Río- y, de hecho, nos fuimos a viveros franceses para obtener un clon acorde a nuestras pretensiones”. El resultado es una garnacha sin excesos, agradable y lejos del arquetipo más dulzón y cálido mediterráneo.

El Barón de Ley Tempranillo 2010 es casi un experimento. Procede de una pequeña parcela de Carbonera a 850 metros de altitud, lo que da al vino un carácter fresco, incluso atlántico: “Obtenemos la frescura y la elegancia de los grandes tempranillos de La Rioja Alta en la subzona Baja”, describió el enólogo. El vino es sorprendente porque se aleja del Rioja convencional del tempranillo (difícil encontrar los típicos regalices que se sustituyen por notas más vegetales y de monte bajo) y que, según reconoce el enólogo, puede generar diversidad de opiniones. “A nosotros nos encanta, pero es tan peculiar que no tiene por qué gustar a todo el mundo”.

Barón de Ley es el mayor cultivador de maturana tinta de Rioja, con la mitad de las poco más de 60 hectáreas plantadas en toda la denominación. Del Río y Rodríguez están muy esperanzados con esta uva que, más que como variedad, está llamada a ser un gran complemento, autóctono, del tempranillo: “Nos quedamos sorprendidos desde la primera elaboración, siendo viñas muy jóvenes; su principal virtud es que es una uva muy noble, con gran carga colorante y potencia, pero que no es agresiva si se trata con delicadeza”.

Gonzalo Rodríguez recogió de nuevo el testigo para presentar los dos vinos con mayúsculas de la cata. El Barón de Ley 3 Viñas Reserva 2008 (viura, malvasía y garnacha blanca), un blanco reserva de carácter y ligado a la mejor tradición riojana: “Aunque lo diga uno de Toledo, este vino entronca con la Rioja más clásica, de grandes e históricos elaboradores de blancos, con viura criada en roble americano, sin batonnage y una larga crianza”. “Queremos complejidad y Rioja debería sacar pecho por estos vinos que tienen un extraordinario éxito internacional”.

El enólogo concluyó con el Barón de Ley 7 Viñas Reserva 2005, un ‘experimento’ del año 2001 que fue recibido ‘friamente’ por la crítica en España y, sin embargo, elegido mejor vino del mundo en Reino Unido. El 7 Viñas es un Rioja por todos los lados, con las siete uvas tradicionales (incluidas en mínimos porcentajes las tres blancas) y elaboradas por separado únicamente en añadas especiales. Un vino largo, para disfrutar, embotellado como reserva aunque con los tiempos de gran reserva. Un gran Rioja en el que importa más la sensación, la amabilidad y riqueza de matices que la explosión y la contundencia que proliferó años atrás y que, más que actualidad, es ya hoy recuerdo del pasado.