Imagen del salón de catas de Delicatto, con Janire Moraza en la presentación de sus vinos. / J. RODRÍGUEZ

Riojas para todos los gustos

El club de catas cierra su 15 temporada con otro gran viaje por la diversidad de terruños y de nuevos y tradicionales estilos

Alberto Gil
ALBERTO GIL Logroño

Quizás ningún club de catas como el de lomejodelvinoderioja.com pudiera sobrevivir durante 15 temporadas en una región vitícola que no fuera Rioja. La diversidad y el dinamismo de la zona, aunque haya todavía quien piense lo contrario, permite presentar cada temporada novedades y nuevas formas de entender los terruños y la elaboración en bodega.

Precisamente estos dos aspectos han sido los motivos fundamentales de la recién concluida temporada: los terruños, pero también los diferentes estilos de elaboración en un momento extraordinario de creatividad y diversidad como nunca se había vivido hasta ahora en Rioja.

La temporada comenzó en Labastida (Rioja Alavesa), con Mitarte y los vinos municipales y parcelarios de esta bodega familiar como protagonistas. Ignacio Gil Oribe, ejemplo de que el 'terroir' no entiende de líneas administrativas, aseguró sentirse incluso más identificado con su zona de la Sonsierra, y con la vecindad con San Vicente, que con una entidad 'genérica' por mucho que se llame Rioja Alavesa.

Mercedes García Rupérez abrió las puertas de la tercera bodega más antigua de Rioja, Montecillo, en su 150 (+1 por el año pandémico) aniversario. La enóloga ha dado una gran vuelta a los vinos de la casa centenaria, con una mirada hacia el origen y los varietales con su nueva colección Viña Monty, pero sin renunciar a las largas crianzas: una 'maestría' bodeguera, de la que dio buena cuenta con la cata.

Valdelacierva presentó también su nueva etapa, basada en vinos de viñedos concretos y parcelarios y con una sorprendente colección que presentó Emma Villajos. La bodega ha hecho un cambio radical de la ecuación de su negocio: de volumen a valor.

No podía faltar, como no lo ha hecho ningún año, alguna incursión en Rioja Oriental. Así fue con Casa La Rad (Ausejo), donde Goyo Gordaliza y Marta Gallego cuentan ya con una colección de vinos de identidad zonal (Ausejo, Ocón y Tudelilla) y parcelarios de la finca Casa La Rad. La cata fue una espectacular visita a una zona muy reconocida por su aptitud vitícola, pero en la que faltan bodegas. Por ello, la renovación de Casa La Rad (antigua Alicia Rojas) es una gran noticia.

Tras el paréntesis veraniego, y las imposiciones derivadas de la pandemia, el club de catas aceleró con la nueva propuesta de Vallobera (Laguardia), donde Javier San Pedro Rández ha buscado la identidad de sus propios viñedos, cien hectáreas en Laguardia y la zona, con una colección más que interesante de vinos, varios de ellos de finca y parcela, como su Terrán o la nueva garnacha blanca 'Pensando en ti'.

Carlos Sánchez es un 'rastreador' de viñas, que vino de Gredos y se ha asentado en Rioja con un proyecto personal que, de momento, le ha llevado a elaborar de alquiler en Labastida vinos de este municipio y de San Vicente. Exponente de la nueva generación (vinos frescos y libres) presentó una colección espectacular.

LOS DIEZ MEJORES VINOS DE LA TEMPORADA DEL CLUB DE CATAS

  • Mitarte (Labastida). La Secreta 2018: Una selección de tempranillo de viñedos de más de 45 años de Labastida, etiquetado como vino municipal. Podíamos haber elegido la garnacha blanca de Mitarte, incluso un parcelario chulo que también los hubo, pero, para empezar lista, nos quedamos con este crianza bonito, con fruta, agradable y sabroso. 10 euros

  • Montecillo (Navarrete). Montecillo 150 Aniversario 2005: Cualquiera de los tres varietales relanzados con la marca Viña Monty tendría cabida en esta lista, pero muy pocas bodegas llegan a 150 años. El Montecillo 150 aniversario ha estado quince años en bodega hasta salir, este mismo año, al mercado. Homenaje a los grandes clásicos con una entereza sorprendente. 120 euros

  • Valdelacierva (Navarrete). Valdelacierva Montepedriza 2018: Viaje a Tudelilla, a la zona de la Pedriza, con este fantástico varietal de Valdelacierva. Mineral, fresco, largo, con notas de fresa de la variedad, pero también con los recuerdos de monte bajo (tomillo especialmente) que suele aportar la garnacha de la zona y que la vincula a Tudelilla. 48 euros

  • Casa La Rad (Ausejo). Casa la Rad Garnacha 2017: Es posible que se me vea el plumero con la garnacha (me encanta) y este Casa la Rad está de lujo. Notas de fresa, pero no acarameladas y con la complejidad aromática del entorno. Ni rotundo ni delgadito, un varietal que expresa el terruño de esa franja de suelos pobres de de Ausejo. 27 euros

  • Vallobera (Laguardia). Pensando en ti: Varietal, en este caso de garnacha blanca y último lanzamieno de Javier San Pedro Rández. Apenas dos barricas de 500 litros de una finca de un proveedor de toda la vida. Nos encantó también el Terrán de Vallobera, más conocido, pero los blancos también tiene cabida en esta lista y 'Pensando en ti' lo merece. 43 euros

  • Carlos Sánchez Vitivinicultor. Buradón 2020: Varietal de garnacha de la colección definitiva en Rioja de este 'rastreador de viñas' procedente de Gredos (Madrid). Buradón es un parcelario de San Vicente con elegancia, acidez y frescura. Un vino fino y delicado, con una importante carga aromática, más floral incluso que frutal. Espectacular. 36 euros

  • Moraza (San Vicente). Moraza Cuatro Caminos Tempranillo 2018: Incursión en los vinos naturales y biodinámicos, de la familia Moraza. Elegimos este tempranillo parcelario por la frescura y el concepto de vinos para 'pimplar' a gusto, con grado limitado y fresco. Madura en hormigón, sin tocar la madera. Muy original y moderno (¿o el más 'clásico'?). 18-20 euros.

  • Bagordi (Andosilla). Oiasso Graciano 2015: Varietal de la colección Oiasso (parcelarios) de Bagordi. Hacemos sitio al graciano en la lista, con un varietal de 'manual' por la buena maduración. Especiado, fresco, redondo y que puede estar en botella diez años más sin inmutarse. La uva graciano es clave para los vinos de estos pioneros de la viticultura ecológica. 18 euros.

  • Abel Mendoza (San Vicente) . Abel Mendoza Torrontés: De la cabezonería del autor, y mucho trabajo, nace este varietal de la uva con menos plantación de Rioja (4 hectáreas). Un vino tremendamente original, que forma parte de la colección de blancos que el viticultor tiene vendidos antes de salir al mercado. Un espectáculo que rompe tópicos. 24 euros.

  • Tentenublo Wines (Viñaspre). El Abundillano: Perteneciente a la familia El Escondite del Ardacho, el Abundillano lleva el nombre de la parcela más querida por la familia de Roberto Oliván. Mayoritario de garnacha, aunque con múltiples variedades de las cepas del viejo viñedo, es un vinazo soberbio, fresco y largo, con mucha fruta e identidad. 35 euros.

Moraza (San Vicente) es una debilidad para el que escribe. Vinos naturales, biodinámicos y un concepto tradicional de frescura, grado limitado y vendimia temprana que se puede presuponer moderno, pero que quizás es el modelo más similar a los vinos que bebían los abuelos de la actual generación: vinos de pimple y sin maquillaje. Janire Moraza presentó una colección de blancos y tintos parcelarios que no dejó indiferente a nadie: en la variedad esta el gusto.

Bagordi, en la Navarra riojana (Andosilla), es uno de los pioneros de la viticultura ecológica. Ander Cárcar, la nueva generación, y el joven enólogo Basilio Berisa dejaron claro que –pese a las dificultades de vender Rioja en Pamplona y Navarra en Logroño– no renuncian a su terruño. Magnífica cata y estupendos vinos, con la implicación de la nueva generación y con el concepto de trabajar lo mejor que puedas tu propio terruño, porque, el ajeno, seguro que hay otro que lo hacer mejor.

Y, como cierre, la cata más sentimental y emotiva para el cronista, con tres de los grandes: Abel Mendoza, Tentenublo Wines (Roberto Oliván) y Obrador Grate-Dellasera (Fernando Sáenz Duarte). Vinos de dos bodegueros-cosecheros de culto, y dos maravillosos helados –lías de vino blanco y tokaji– del Premio Nacional de Gastronomía Fernando 'Helado'. El mejor broche posible para una gran temporada.