Sonia Tercero

Club de catas

Valdelacierva: viñedos embotellados

Emma Villajos presenta la nueva colección de vinos de la bodega de Navarrete, con la Sonsierra y Tudelilla como referencias, y una sorpresa final de la Ribera del Duero soriana

Alberto Gil
ALBERTO GIL Logroño

De volumen a valor. Es el cambio radical de la ecuación, de la razón de ser, de Bodegas Valdelacierva. A partir de una antigua cooperativa de cuatro socios en Navarrete, Valdelacierva comenzó a dejar de aprovisionar a lineales de alimentación para centrarse en los vinos de mayor valor añadido y en el canal de la hostelería, con un grupo de viticultores muy vinculados al proyecto y con una selección de viñedos concretos con personalidad de zona y parcela, que son hoy la clave de la amplia gama de vinos con que trabaja la bodega: «Hacerse pequeño es hacerse mejor», escribía hace poco Víctor de la Serna a propósito de la bodega.

El cambio no se produjo de la noche a la mañana, sino lentamente con la incorporación de Emma Villajos como directora técnica en el año 2007 y con una apuesta por viñedos especiales focalizados en municipios históricos de la Sonsierra, como San Vicente, Briñas o Baños de Ebro, y de Tudelilla, donde Valdelacierva explota el potencial de las garnachas de la zona. Valdelacierva pertenece al grupo Hispano Bodegas, que además de Rioja trabaja los blancos en Rueda y tintos en la Ribera del Duero soriana. Emma Villajos presentó el jueves por la noche para el club de catas de lomejordelvinoderioja.com la gama casi al completo de Valdelacierva en Rioja, siete vinos, casi todos ligados a viñedos concretos, junto con una sorpresa fuera de programa, el 12 Linajes de la Ribera del Duero: «Soy de Madrid y desde el primer momento quedé sorprendida por la extraordinaria diversidad que hay en Rioja y por la profesionalidad de sus viticultores, en nuestro caso de un grupo con el que trabajamos a largo plazo y que son la pieza fundamental de nuestro proyecto», explicó la enóloga.

La cata comenzó en Tudelilla, con el Valdelacierva Rosado 2019, cuyas uvas la enóloga obtiene de una finca a 625 metros de altitud en un suelo característico de canto rodado. Fresco, con una acidez muy agradable, combina las notas de fresa con flores blancas, que la enóloga trabaja con sus lías para obtener volumen en boca. Valdelacierva 5 Renques 2017 es el crianza de la casa, «el vino esencial», que va más allá del 'tradicional' crianza de Rioja, con la fruta como protagonista y con potencia e intensidad: «Las primeras añadas las hacíamos con una selección de viñedos de Rioja Alavesa, pero ahora trabajamos con dos viñedos de San Vicente, uno de la zona alta, más fresco, y otro a 425 metros que nos ofrecen un ensamble perfecto de tempranillos», detalló Villajos.

Valdelacierva Reserva Edición Limitada 2017 completa la gama más 'convencional', con un vino en que tanto la fruta como la madera tienen protagonismo, pero en el que de nuevo la madurez de la uva, junto con una interesante mezcla varietal, dejan claro que el estilo Valdelacierva no es el clásico de Rioja. El vino comenzó en sus añadas anteriores siendo un 100% tempranillo, pero en la actualidad mezcla a tercios tempranillo, graciano y maturana tinta: «Es un viñedo de Tudelilla, un pueblo vitícola que hemos ido descubriendo y que con la combinación varietal nos ofrece mucha complejidad con un toque de monte bajo, de tomillo, muy característico y especial». Valdelacierva Grano a Grano 2018 es un parcelario que nació con la añada 2015 como un «experimento» que la enóloga trasladó luego a Ribera del Duero: «Nos juntamos diez personas en vendimia para desgranar uno a uno cada grano de una producción de 1.500 kilos». Villajos utiliza el viñedo de una parcela, 'Salmuera' de Baños de Ebro, que prácticamente todas las añadas se corre en floración y ofrece unos racimos pequeños y sueltos. El vino combina la fruta del tempranillo, no excesivamente intenso, con notas especiadas y, sobre todo, con mucha elegancia. Muy redondo.

Del tempranillo a la garnacha, con dos parcelarios de Tudelilla. Valdelacierva Garnacha 2018 y Montepedriza 2018: «Lo de Tudelilla para mí fue un 'flechazo'; me enseñó uno de nuestros viticultores su viñedo, Montepedriza, plantado hace 84 años, y tuve claro que teníamos que trabajar la garnacha de esos suelos pedregosos», explicó Villajos. Los vinos son 'parientes' cercanos, con una garnacha menos expresiva de inicio en el primer caso, pero que poco a poco se va abriendo en la copa y sacando las notas de fresa combinadas con especiados de monte bajo. Montepedriza es uno de los vinos de la noche, largo, mineral y fresco.

Y para terminar otros dos tempranillos de muy distinta procedencia. El primero, Valdelacierva Cantogordo 2018, un parcelario de un viñedo de 60 años de Samaniego, profundo, intenso, que la enóloga cría en bocoyes de roble francés de 500 litros y que, pese a una larga estancia en botella, muestra mucha intensidad y juventud. Con 12 Linajes Finca los Arenales 2018 (de Bodegas Gormaz) la cata da un giro hacia la rusticidad soriana: «Son pequeñísimos majuelos, varios de ellos prefiloxéricos y de una viticultura casi extrema a 1.000 metros del altitud», explicó la enóloga. «Quería poner este vino como broche final, como una sorpresa fuera de programa». Concentrado, fresco, un vinazo que demuestra que cada zona, cada pueblo y cada viñedo tiene su propia personalidad.