Entre copa y copa

Bodegas Paco García en una de las fiestas paralelas de los jardines Pago de Vicario./Alberto Gil
Bodegas Paco García en una de las fiestas paralelas de los jardines Pago de Vicario. / Alberto Gil

Fenavin bate récord de asistencia a la espera del gran pabellón fijo esperado para el 2021Más de 150 bodegas riojanas asisten a la cita manchega atraídas por su competitivo coste y por las oportunidades comerciales

Alberto Gil
ALBERTO GILLogroño

Es difícil encontrar un bodeguero de Rioja en la Feria Nacional del Vino (Fenavin) que no comparta la misma reflexión: «Cómo no fuimos capaces de montar algo parecido en Rioja». Las cifras de la última edición, celebrada en Ciudad Real esta semana, abruman: 1.900 bodegas en 1.500 expositores, diez pabellones con 34.000 metros cuadrados y casi 500.000 contactos comerciales. La feria prepara ya para el 2021 su próxima edición, que sustituirá las carpas (o la mayor parte de ellas) por un enorme pabellón fijo en construcción con una inversión de diez millones de euros.

La feria nacional del vino se queda para siempre en Ciudad Real, parada de AVE pero que sigue teniendo enormes carencias de infraestructuras hosteleras y hoteleras. No hay presencia 'institucional' de Rioja en Fenavin, aunque sí están más de 150 bodegas por la sencilla razón de que hay oportunidad de negocio. En Fenavin conviven desde las grandes compañías manchegas a microbodegas, incluso los elaboradores más frikis, que apuestan por una feria donde el precio del metro cuadrado (mucho más barato que en las citas internacionales) es un gran atractivo.

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La principal presencia riojana se encuentra en el pabellón Ganímedes, el número siete, donde las Bodegas Familiares de Rioja sacaron 'músculo' al ocupar el mayor expositor de la feria (más de 200 metros y 24 bodegas) con una imagen a la 'francesa'. Muy cerca estaban las bodegas de Aldeanueva de Ebro, fieles a la cita manchega desde su origen, y que acuden con su propia marca 'local' y con Rioja como apellido. Un par de filas más atrás, en el expositor de Euskadi, se ubicaban las bodegas alavesas de ABRA, con el tema del cambio de nombre como conversación recurrente en los 'corrillos', así como con el de los daños por la helada del lunes, que volvió a cebarse con varios municipios y parcelas de la Sonsierra [la desdicha tampoco entiende de fronteras y 'reparte' por igual en municipios riojanos y alaveses].

Por cierto que, aunque no es fácil, quizá algún día se pueda ver a toda Rioja junta, o más o menos junta, para dejar de volver locos a compradores e importadores: comercialmente, desde luego, sería un logro.