{Otoño, la estación del cambio cromático en La Rioja | Lo Mejor del Vino de Rioja - La Rioja

Imágenes de viñedos tomadas ayer en la Sonsierra y La Rioja Alta.

FOTOENFOQUE

Otoño, la estación del cambio cromático en La Rioja

El otoño transforma el paisaje de La Rioja en una tapiz de tonos ocre que invita a recorrer y disfrutar la comunidad de un rincón a otro

E. SÁENZ | FOTOS JUSTO RODRÍGUEZ

Hay luchadores contumaces contra el cambio climático y defensores a ultranza del cambio cromático. Los primeros se prodigan por el mundo entero; los otros tienen en La Rioja su cuartel general. Una pelea por preservar el planeta que inevitablemente resulta desigual, mientras que la batalla ante la metamorfosis del paisaje que se opera en la región al llegar estas fechas está siempre ganada por la belleza. No hay conflicto ni tensión. Solo placer para la vista, un goce que tiene un olor particular, un deleite con tonos propios. Es el aroma de la escarcha a primera hora la mañana y la humedad templada por el sol de octubre cuando va levantando el día. Es la imagen del camino que discurre del verde al rojo haciendo paradas en el ocre. Son las fotografías que ilustran estas páginas mejor que cualquier gavilla de palabras y la explosión del otoño, que ya gobierna por mayoría absoluta hasta que el frío imponga su dictadura.

Es la perspectiva de siempre con los colores de nunca. Hasta ahora. De todos los años a estas mismas alturas, cuando el resto del mundo se hace mustio y tirita mientras La Rioja se envuelve con esa estola de hojarasca que tan bien le sienta. Porque el otoño se deja ver en las calles, pero donde realmente se desquita la timidez es un poco más allá. Donde acaba la carrera y empiezan los hayedos y los robledales; en acebales y atalayas. A la ribera de ríos de agua helada y piedras cubiertas de líquen que resbalan al intentar pasar a la otra orilla. Al lado de las viñas que ya han sido vendimiadas pero mantienen ese color torneado que ya huele a vino.

El otoño en La Rioja tiene los brazos amplios y es capaz de abrazar a muchos. Todos los que cada vez con más frecuencia toman esta estación como referente para visitar la comunidad, pero también a quienes sin salir de aquí tienen la ocasión de ver una postal distinta a la habitual. Como todos los grandes placeres, la recomendación es disfrutar de la singularidad que ofrece el otoño riojano en solitario. Ingresar en él desde el silencio para escuchar todos sus colores. Y hacerlo rápido. Antes de que la luz se vaya apagando y el invierno dé paso a otra belleza más brumosa, menos tibia, igual de única.