José Luis Lapuente | Director del Consejo Regulador

«De 2022 esperábamos mucho, pero la coyuntura internacional es la que es»

Lapuente analiza un año en el que las ventas deberían haber despegado, pero podrían incluso cerrar en negativo

Alberto Gil
ALBERTO GIL Logroño

Las cuentas siguen sin salir. Se esperaba que 2022 fuera el año de despegue para las ventas de vino de Rioja, pero la previsión para final de ejercicio podría incluso dejar un balance negativo. Mientras, en Burdeos, se plantean arranques de viñedo, algo que José Luis Lapuente, director general del Consejo Regulador, ve improbable en Rioja, pero lo cierto es que, cuanto menos, las perspectivas para la primera mitad de 2023 no son nada halagüeñas. En todo caso, Lapuente sostiene que no es un problema de Rioja, sino del vino en general y de un entorno económico muy inestable, que incluso podría deteriorarse más.

– ¿Qué está pasando con las ventas de vino?

– En 2021 recuperamos casi todo lo que habíamos perdido el año anterior por la pandemia. Lo cierto que 2022 era, a priori, un ejercicio para pisar el acelerador y, de hecho, el Plan Estratégico, preveía ese acelerón, en el entorno del 7% de mejora. Era la hoja de ruta, pero el contexto no ayuda. Ya vimos a finales de 2021 cómo aparecían problemas de aprovisionamiento, de encarecimiento de materias primas y luego este año se han sucedido una serie de fenómenos muy adversos como la guerra, el pronunciamiento de la inflación, las tensiones en el mercado energético e incluso más problemas con los abastecimientos y el transporte. El año comenzó bien, pero ha ido aplanándose. El crecimiento hasta octubre se ha reducido al 1,63% y noviembre no ha sido bueno, con lo que para fin de año podríamos acabar con cifras similares a las de 2021, ligeramente por encima o ligeramente por debajo.

– ¿Es un problema de Rioja o del vino en general?

– Del vino y de otros productos de consumo. Nuestras ventas de blanco están creciendo más, el 9% hasta octubre, y son tasas superiores a las de nuestro principal competidor en estos vinos. En los tintos, la caída va en línea con lo que está pasando también en otras zonas competidoras, así que no es un problema vertical de Rioja, sino horizontal del mercado y fácil de entender por la coyuntura.

– Sí, pero tanto Rueda como Ribera del Duero recuperaron en 2021 los niveles prepandemia, a los que Rioja aún no ha llegado.

– Estas comparaciones siempre son relativas. Rioja vende 350 millones de botellas y nuestros competidores en el entorno de 100. Es decir, los crecimientos porcentuales son comparables para ver tendencias pero no para sacar grandes conclusiones. Nosotros exportamos el 40% de estas botellas y estamos sufriendo en mercados con nombres y apellidos, como Reino Unido, que es muy importante para nosotros. Las caídas más previsibles en China, Rusia y sus países de influencia se compensan con mercados exteriores en crecimiento como Alemania, Suiza o México, pero en Reino Unido estamos bajando un 15%. No va a ser el ejercicio que esperábamos, pero por circunstancias que son ajenas al sector. No creo que Rioja tenga un problema porque su producto no llega a los consumidores, sino por todos esos factores de gran incertidumbre económica internacional.

– ¿Qué pasa en Reino Unido? Se temían unas tasas, que aún no se aplican aunque el riesgo sigue ahí, y la caída, antes de dichos gravámenes, ya es considerable.

– Es una preocupación porque casi una de cada tres botellas que vendemos en el exterior va a Reino Unido. Nos fue bien los dos años anteriores, con crecimientos pese a todas las incertidumbres e incluso del Brexit, pero es un país que sigue con mucha inestabilidad y dudas por cómo está afectando todo este entorno económico inestable a su demanda interna. De momento, en los últimos meses hemos visto que la caída del 15% se está estabilizando, pero poco más. Y, efectivamente, la amenaza de tasas está ahí y podrían pasar a representar unos 60 céntimos por botella. No van a entrar en vigor el 1 de enero, pero es previsible que lo hagan en agosto. Creo que Rioja sigue siendo un valor seguro en un mercado que conoce muy bien nuestros vinos, pero desde luego unas tasas, que son elevadas y más en un mercado de precio ajustado, no van a ayudar.

– ¿Está en juego el modelo actual de Rioja, con cuatro años al límite de rentabilidad en el campo y con los márgenes de las bodegas muy castigados? ¿Habría que pensar en otras medidas, como por ejemplo, el 'bag in box'?

– El 'bag in box' daría una oportunidad en mercados nórdicos, pero es complicado y, en todo caso, no es la solución definitiva a los problemas de comercialización. En su momento se discutió, pero tenía un carácter peyorativo. Ahora es cierto que vemos marcas potentes que conviven perfectamente con bolsas y embotellados. Pero el Consejo Regulador no es un mero gestor de negocio, sino el garante de la certificación del producto y del cumplimiento de requisitos cualitativos y cuantitativos. Si se apuesta por el 'bag in box', sería válido en todos los sitios, incluso en cualquier establecimiento de Logroño. Es el sector el que debe decidir y estudiar bien los pros y los contras. Lo que sí está claro es que el efecto sobre la ratio, sobre las existencias de vino, de un litro vendido es cuatro veces superior a cada litro que dejamos de producir.

– En Burdeos se están pidiendo arranques incentivados de viñedo, ¿es un escenario para Rioja?

– Volvemos a esta relación de 1 a 4 entre quitar producción y la comercialización. No hay nada más eficaz que vender más. De arranques ya se habló en 1990 con el informe de una conocida consultora, pero que también ponía sobre la mesa otras medidas como reducir producción a través de rendimiento o muy novedosas como almacenamiento financiado de vinos por el propio sector y, de repente, se empezó a vender y aquello fue 'magia'. Hemos estado ahora en Burdeos y efectivamente se están planteando arranques, pero Burdeos también ha pasado de 80.000 a 110.000 hectáreas en los últimos años. Aquí, en Rioja, más allá de las tensiones que se producen y más en momentos difíciles, en la mesa de decisiones está representado todo el sector y desde 2016 se ha apostado por no plantar. De hecho, somos la única denominación española que, año tras año, ha limitado las plantaciones y ha impedido las replantaciones y conversiones de derechos que pudieran proceder de fuera de la DOCa para controlar el potencial vitícola. Recuperar el equilibrio ya no depende sólo de lo que haga Rioja, sino de un contexto nacional e internacional mucho más decisivo. Habrá que tener paciencia y quizás emplazarse al segundo semestre.

– ¿Sería descabellado sustituir tinto por blanco?

– A la hora de elegir en la actualidad parece que tiene más salida una variedad blanca que tinta porque el mercado está demandando más vino blanco. Ahora bien, hay que ser prudente. Para Rioja ha sido muy importante el tempranillo blanco, que ha ido aumentando la oferta y con vinos de calidad, como también lo está siendo la viura, que ha demostrado ser muy buena variedad cuando las plantaciones se asientan con los años y se elabora en bodega específicamente para hacer blancos de calidad. Tenemos un buen 'mix' de producto en blancos, con una oferta muy robusta, como demuestra que en 2012 suponían un 5% de nuestras ventas y ahora suponen un 10%. Es decir, se han hecho las cosas bien estos últimos años, pero no cambia la fisonomía de Rioja, que sigue siendo una gran zona productora de tintos. Lo prudente es asegurar para los blancos que la tendencia creciente se consolide antes de tomar decisiones estructurales.

– Del ruido externo al interno. ¿Le ha decepcionado el Gobierno vasco al tramitar la Protección Nacional Transitoria para 'Viñedos de Álava'?

– Sí. Ha tramitado una propuesta muy minoritaria, y cuando menos con el 90% del vino de Rioja Alavesa en contra. Una cosa es tramitar una solicitud para la creación de una nueva DOP y otra es precipitarse para su protección provisional, con algunas graves consecuencias que ni el propio Gobierno vasco ha tenido en cuenta. Creo que, al menos, debería haber esperado el fallo judicial a nuestro recurso o a Europa, ya que crear una DOP es algo muy serio. No entiendo que hable de dar opciones y de libertad de empresa cuando además se han opuesto a algo tan lógico como la reforma del pliego para que las uvas de Rioja sean para hacer vino de Rioja. Todo este ruido tiene consecuencias y en los últimos treinta años la renta per cápita en Rioja Alavesa se ha triplicado, y es el doble en esta comarca que en el resto del País Vasco. Rioja mueve 1.500 millones al año de negocio y 500 de ellos están en Rioja Alavesa. Son cuestiones muy serias como para jugar a hacer castillos en el aire.

Arranque en Burdeos

«Allí han crecido de 80.000 a 110.000 hectáreas: en Rioja, se ha controlado el potencial vitícola»

Equilibrio

«Podemos quitar producción, pero el efecto de cada botella vendida es cuatro veces superior»

Viñedos de Álava

«Crear una DOP así es algo muy serio; creo que el Gobierno vasco ha sido incluso temerario»

– Usted ya dijo que, en todo caso, 'Viñedos de Álava' era un juego de niños ante el plan del PNV de crear un consejo regulador propio. ¿Teme que Rioja acabe siendo moneda de cambio política?

– Ese riesgo siempre está ahí. Pero no puede haber reglas de juego diferentes. El papel lo aguanta todo, pero, desde el punto de vista operativo y de gestión, no tiene ningún sentido. La intención la hemos visto plasmada ya en forma de proposición de ley y de una resolución en el Debate del Estado de la Nación. Rioja tiene valor y genera renta y por eso es atractiva para el Gobierno vasco, pero precisamente por ello creo que se está siendo muy poco respetuoso e incluso temerario. Mucha gente en Madrid, en Reino Unido o en EEUU pregunta y es muy difícil explicar los intereses políticos. Llevamos años dedicando muchos esfuerzos a este tema que deberíamos dedicar a otras cosas.