En busca del momento exacto

Técnicos del Consejo Regulador examinan semanalmente la madurez de la uva | Los boletines de maduración, que se emiten los miércoles, ayudan a los viticultores a elegir la mejor fecha para vendimiar

Alejandra Rubio, con las bayas de tempranillo recogidas en La Grajera./Juan Marín
Alejandra Rubio, con las bayas de tempranillo recogidas en La Grajera. / Juan Marín
Pío García
PÍO GARCÍALogroño

Se ha levantado un día luminoso y alegre, sin apenas nubes en el firmamento. A las diez de la mañana, hace aún algo de fresco –un frescor que anticipa el otoño–, aunque en seguida el sol se despereza y empieza a calentar. Los peregrinos pasan en fila india por La Grajera. Unos saludan, otros se ríen, algunos siguen su ruta como hipnotizados, con la vista fija en el horizonte. Mientras tanto, al lado del camino, Alejandra Rubio Gil (Logroño, 1979, ingeniera técnica agrícola) busca entre las cepas de una viña. Los racimos de tempranillo –oscuros, fecundos, promisorios– asoman entre las hojas de parra, de un verdor todavía lozano. Alejandra se agacha y va cogiendo algunos granos con precisión quirúrgica: tres bayas por cada racimo, de 33 cepas diferentes, situadas en distintas orientaciones de la finca. Del último manojo, arranca un grano de propina. Mete las cien bayas de tempranillo en un botecito de cristal que lleva el anagrama del Consejo Regulador. «La baya es más pequeña que la del año pasado, y el racimo más suelto», explica. Eso es buena señal. Si la cosa no se tuerce, la cosecha de este año promete ser excelente.

Desde el pasado 26 de agosto, Alejandra y sus siete compañeros de los servicios técnicos del Consejo recogen muestras todos los lunes. Lo hacen en 57 fincas de la Denominación, repartidas de manera que los resultados ofrezcan una imagen cabal de la evolución de la uva en todo el territorio de Rioja. Las bayas (siempre cien por parcela) son remitidas a los laboratorios de Haro (Estación enológica), Olite (Evena) y Laguardia (Casa del vino). Sus resultados se publican los miércoles en el Boletín de Maduración; un documento que reciben todos los viticultores. «Se trata de ayudarles a escoger el momento óptimo para la vendimia», explica Alejandra.

Alejandra explica su trabajo, ante las cámaras de TVR, en la finca de La Grajera.
Alejandra explica su trabajo, ante las cámaras de TVR, en la finca de La Grajera. / Juan Marín

Sobre las muestras recolectadas, los laboratorios analizan el grado alcohólico probable, la acidez total, elPH, el ácido málico y el potasio. En el caso de las uvas tintas, se ofrece también información adicional, como la intensidad colorante. En el boletín, se subraya la división por zonas (hay 9 en Rioja Alta, 8 en Rioja Oriental y una más para Rioja Alavesa) y también por variedades, tanto blancas (hay cinco fincas de viura y dos de tempranillo blanco) como tintas (31 parcelas de tempranillo, 11 de garnacha, cuatro de graciano y una de mazuelo).

Las muestras se recogen en 57 fincas de la Denominación, repartidas de manera homogénea

«La baya es más pequeña que la del año pasado y el racimo más suelto; puede ser una gran cosecha»

En el último boletín publicado, los técnicos advertían de «un adelanto generalizado de más de una semana en toda la Denominación de Origen» y de un «óptimo» estado vegetativo. Mientras avance la vendimia, los boletines se irán sucediendo semanalmente. El año pasado se emitieron seis. Este miércoles, se publicará el tercero de los correspondientes a la vendimia del 2019. Algunos agricultores suelen utilizar un refractómetro a pie de viña para atisbar el posible grado alcohólico de sus uvas, pero las mediciones del Consejo, estandarizadas y certificadas, ofrecen una imagen exacta del estado general de maduración.

En un día luminoso y alegre de septiembre, esta parte del trabajo de Alejandra da algo de envidia; pero no siempre resulta tan agradable: las muestras deben ser recogidas todos los lunes en época de vendimia, haga sol o caigan chuzos de punta, y siempre en las mismas fincas. Con el barro hasta la rodilla las cosas se complican. Pero Alejandra, que ya lleva 18 vendimias a sus espaldas, no se queja: son gajes de un oficio que le gusta.