Jose Luis Martínez, mientras realiza la recolección de las bayas para su análisis en una viña del Monte Cantabria. / Miguel Herreros

No hace falta agua en la viña

Si las condiciones meteorológicas se mantienen, Rioja espera una «uva de gran calidad», pronostican los veedores de Rioja que se encargan de analizar el estado de las bayas

Inés Martínez Pérez
INÉS MARTÍNEZ PÉREZ Logroño

En el Monte Cantabria, con Logroño a sus pies y refrescado por el viento intenso de de este martes, un viñedo singular de Rioja espera a ser vendimiado. No le queda nada. Las bayas muestran un grado de maduración óptimo y las condiciones meteorológicas están siendo ideales, así que en cualquier momento esos racimos comenzarán su largo proceso de transformación que les llevará a ser un vino blanco de Rioja. El viñedo en el que se encuentra atendiendo a la prensa José Luis Martínez, uno de los ocho veedores del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Rioja, es de la variedad viura, tiene 46 años y reúne las condiciones para ser reconocido como viñedo singular: un mínimo de 35 años, uniformidad y diferenciación con los viñedos del entorno, vigor contenido o rendimientos de un máximo de 6.922 kilos (para variedades blancas). Eso en el campo, porque una vez elaborado el vino debe superar dos fases distintas y considerarse como vinos excelentes.

Martínez explica cuál es la situación de la viña en estos momentos: «Después de un ciclo bastante propicio para la uva de calidad, nos encontramos con una situación de viñedo con un vigor contenido, con racimos poco compactos y unas bayas de tamaño reducido, lo que nos indica que la uva puede ser de gran calidad si las condiciones se mantienen», argumenta entre cepas. A pesar de las fuertes precipitaciones de la pasada semana, Martínez reconoce que esas buenas condiciones se dan en toda la DOCa. Lo que no se atreve a aventurar, a falta de mes y medio más o menos para que termine la vendimia, son los rendimientos. Pero sobre la situación actual de la vendimia, el veedor apunta que «estamos en torno a tres millones de kilos, lo que supone de momento un porcentaje muy bajo», al tiempo que destaca que «aunque falta mes o mes y medio para finalizar la vendimia, los requerimientos de uva de la DOCa están cumplidos con las expectativas de cosecha que hay».

Los análisis, además de ayudar a saber el estado de maduración, informan sobre la salud del fruto, su PH, acidez...

La labor de este experto es recoger muestras cada semana en las 57 parcelas que hay seleccionadas: «Cogemos tres bayas de cada racimo, una de los hombros, otra de la parte inferior y otra de la parte interna, para poder ver los diferentes estados de maduración». Unas muestras que se analizan en tres puntos diferentes. Por un lado, las de La Rioja van a la Estación Enológica de Haro, las de La Rioja Alavesa a la Casa del Vino de Laguardia y las de Navarra los laboratorios de Olite.

«Para el análisis, se coge una baya de los hombros del racimo, otra de la parte inferior y otra de la parte interna»

En total son 33 plantas y tres granos por planta y de ellas se mide la acidez, el potasio, PH, color... todo lo que pueda dar pistas no solo de la maduración, sino también sobre si los valores están equilibrados, si existe algún problema en algún lugar y además hacer previsiones lo más ajustadas posibles de las fechas de vendimia para cada zona.

Además de que no llueva, lo ideal ahora es una amplitud térmica lo mayor posible y una buena aireación

Que las condiciones no cambien

Ahora toca mirar al cielo. Lo ideal sería, explica Martínez, que el tiempo transcurriera como ha transcurrido hasta hoy: «No hace falta agua (para que el peso de la baya se quede contenido) y es ideal que haya una diferencia térmica entre el día y la noche lo más amplia posible, que permita acumular características de calidad en la uva. También es recomendable que haya cierzo, ya que la aireación previene problemas de botrytis, algo que preocupa mucho en esta fase del ciclo».