Los 'nuevos' Riojas ya están aquí

Carlos Fernández (Bodegas Tierra) y Diego Pinilla (Bodegas Bilbaínas), tras las charla / J. MARÍN

Tercera entrega de 'Palabra de Rioja' con Carlos Fernández y Diego Pinilla: los vinos de viñedo singular | Los bodegueros, en un nuevo vídeo de la serie, ven una oportunidad en el viaje emprendido por Rioja hacia el origen y hacia los vinos de parcela

Alberto Gil
ALBERTO GILLogroño

Un «salvavidas para la pequeña bodega familiar». Así define Carlos Fernández, viticultor y bodeguero de Labastida (Bodegas Tierra), la oportunidad que se abre en Rioja con la nueva categoría de vinos de viñedo singular, cuyas primeras etiquetas saldrán al mercado en breve tras el reciente reconocimiento por parte del Ministerio de Agricultura de 84 parcelas, de 50 bodegas, que solicitaron tal condición ya para la pasada vendimia del 2017.

Carlos Fernández y Diego Pinilla, director técnico de la compañía Codorníu (Bodegas Bilbaínas, en Haro), conversan sobre los nuevos vinos de viñedo singular de Rioja en una nueva entrega de 'Palabra de Rioja', una serie de vídeos en los que los protagonistas toman la palabra y, sin mediación de periodistas ni voces en off, dialogan sobre cuestiones de actualidad en la Sala Negra de Logroño.

Edad del viñedo
Mínimo de 35 años.
Producción máxima (campo)
5.000 kilos por hectárea en uva tinta y 6.922 kilos en blanca (6.500/9.000 para el resto).
Producción máxima (bodega)
Rendimiento de transformación del 65% (70% para el resto).
Vendimia
Manual.
Titulares
Viñedo en propiedad o diez años de arrendamiento.
Calificación de los vinos
Doble, tras la vendimia y antes de salir al mercado. En ambos casos, deberá ser excelente.

Diego Pinilla, representante de una bodega centenaria propietaria de más de 200 hectáreas de viñedo en Haro, confirma el compromiso de la casa con este tipo de vinos nacidos de «parcelas que, año a año, marcan la diferencia». «La apuesta por la calidad, por hacer vinos cada vez mejores, es el camino; elaborar un gran reserva, un vino clásico, no tiene que ser mejor ni peor que hacer un vino de viñedo singular, pero estos abren también una nueva puerta que no podemos dejar de lado».

«Si quiero darle la oportunidad a mi hijo de hacer vino es el camino que debemos seguir» Carlos Fernández | Bodegas Tierra (Labastida)

«La calidad, hacer vinos mejores, sean 'clásicos' o de viñedo singular, debe ser la apuesta de Rioja» Diego Pinilla Bodegas Bilbaínas (Haro)

Aunque por primera vez se regulan las condiciones de elaboración, los vinos de pueblo y de parcela son una realidad histórica en Rioja, tal y como recuerda Carlos Fernández: «Hace 25 años probabas los vinos en las diferentes bodegas y sabías cuál era de San Vicente, de Labastida, de Samaniego... e incluso algunos sabían si era de mengano o de fulano...». «Para mí, eso son los vinos de viñedo singular y creo que debemos volver a apostar por esas 'cositas' pequeñas y no tanto por el Rioja 'grande'».

Antecedentes

En la misma línea, Pinilla recuerda que las marcas de Bilbaínas (Pomal, Zaco, Vicalanda...) eran ya en el siglo XIX y a principios del XX las de los propios viñedos, «algo que sí era singular entonces», y explica que «ahora estamos recuperando precisamente esa forma de elaborar de antaño, con un depósito para cada parcela singular, al margen de que luego todos los vinos acaben o no en el mercado». Ambos coinciden en la necesidad de atender la demanda de consumidores e importadores que están pidiendo este tipo de vinos vinculados a orígenes muy concretos: «Es una forma de dar valor al producto porque la gente reclama toda esta información», apunta Carlos Fernández. Diego Pinilla recuerda que otras denominaciones como Priorat o Bierzo han emprendido también este camino hacia el origen de los viñedos y advierte de que «allí son menos y están más unidos». «Hacer grandes vinos estoy seguro de que vamos a hacerlo -continúa-, pero explicarlo es la parte más complicada, por lo que deberíamos sumar entre todos».

Desde luego, los nuevos vinos de viñedo singular deberán acreditar -además de vendimia manual, una edad mínima de viñedo de 35 años y rendimientos mucho más limitados-, su condición de excelentes en cata hasta en dos ocasiones, lo que pone de manifiesto que, sean o no los mejores, sí serán grandes vinos: «Es un camino largo, pero es el que tenemos que recorrer; si quiero darle a mi hijo la oportunidad de hacer vino tenemos que ir por ahí porque el destino es muy oscuro», concluye Carlos Fernández.