El otoño, nada más concluir la vendimia, que deja imágenes tan espectaculares como ésta del meandro de San Vicente, fue la fecha elegida para la visita. / JUSTO RODRÍGUEZ

Terruños y estilos: las mil caras de Rioja

La gran región vitívinícola del país muestra su dinamismo y diversidad ante los principales prescriptores nacionales con visitas al viñedo y catas temáticas

Alberto Gil
ALBERTO GIL Logroño

El Consejo Regulador de la Denominación de Origen Calificada (DOC) Rioja reunió la semana pasada a una treintena de los mejores prescriptores del sector vitivinícola nacional. Un encuentro en el que se pisó el terreno y en el que se probó una notable selección de vinos para demostrar que la región vitícola es activa y está en constante revisión. Así se puso de manifiesto, especialmente con una extraordinaria cata final, en la que Rioja demostró estar a la altura de las mejores regiones vitícolas del mundo.

Pablo Franco, director técnico del Consejo, presentó las catas agrupadas en dos grandes bloques, que denominó 'vinos de origen' –vinculados a los viñedos a los que hacen referencia– y 'vinos de estilo' –en los que el viñedo tiene igualmente su importancia pero también la elaboración con un concepto más clásico de mezcla de uvas de diferentes viñedos e incluso variedades–, aunque, en ocasiones, y como pudo comprobarse en las catas, la línea 'origen-estilo' se difumina.

La selección de viñedos fue espectacular, con la visita a El Manao (San Vicente), una de los parcelas de Viñedo Singular y uno de los corrillos mágicos de San Vicente con los que trabaja Rafa Usoz, enólogo de bodegas Sonsierra. Viña Zaco, Alto de la Caseta, el viñedo histórico de Bodegas Bilbaínas en Haro, con la directora técnica de la bodega Maite Calvo, fue el siguiente punto de destino, mientras que la comitiva se trasladó luego al Monte de Cantabria para conocer la finca Alto Cantabria, de Bodegas Valdemar, donde los Martínez Bujanda elaboran un vino blanco de Viñedo Singular del mismo nombre.

Por la tarde, el grupo se traslado a Bodegas Luis Cañas, en Villabuena, donde Rubén Jiménez Hervías, director de Viticultura, y Jon Cañas, mostraron el espectacular viñedo El Regollar, uno de los varios que tiene reconocidos la familia de Rioja Alavesa como singulares. Una vez pisado el terreno, Pablo Franco y Pedro Salguero presentaron una cata de una selección de nueve vinos de Viñedo Singular que, tal y como recordó el jefe técnico del Consejo, «no somos nosotros quienes reconocemos dicha condición, sino un organismo externo, el Ministerio de Agricultura, y con vinos que, además de unas importantes restricciones en cultivo y elaboración, tienen que pasar una segunda y exigente cata antes de salir al mercado, en la que varios de ellos se han quedado en el camino».

Lo cierto es que la categoría de Viñedo Singular es la más exigente de Rioja –hay reconocidas 200 hectáreas de 66.000–, lo que llevó a los periodistas a la preguntar si son o no los mejores vinos de Rioja: «Para mí, no es ese el debate; son vinos que tienen una calidad natural y, si bien van a ser grandes vinos y son nuevas elaboraciones que están generando ilusión, no se puede decir ni que son los mejores ni que tampoco no lo son», aclaró Pablo Franco.

En la cata se probaron vinazos y alguno que, sin dejar de serlo, quedaba 'tapado' por un exceso de madera, aunque fue Juan Luis Cañas [su nuevo vino de viñedo singular, Ribagaitas, fue por cierto uno de los mejores de la tanda] quien aclaró el concepto: «Un viñedo singular es más que un gran viñedo para nosotros: es un paisaje, al que hacemos un trato distinto, como a un hijo; no es una viña que produce muy buenas uvas sin más como puede ser un vino de finca».

La cata se completó con cuatro garnachas de diferentes procedencias, dos de Rioja Oriental, otra del Najerilla y una cuarta, Cupani, pura delicadeza de San Vicente, que convencieron y mostraron la extraordinaria versatilidad de esta uva, mientras que el último bloque fue para la maturana tinta, uva minoritaria, que no convenció tanto como varietal. Interesante fue el debate posterior, donde Amaya Cervera ( Spanish Wine Lover) echó en falta representación entre los vinos de la cata referenciada al 'origen' de lo que definió como «la nueva Rioja»: «Hay gente que no encuentra su espacio en la DOC, como sucede con la normativa de vinos de pueblo que impide elaborarlos, pese a acreditar la procedencia de las uvas, si no tienes la bodega en el mismo municipio». «Creo –añadió la periodista– que habría que ser más flexible para trabajar por una Denominación en la que todos estén cómodos».

Los vinos de 'estilo'

La segunda jornada comenzó con visitas a dos viñedos históricos, más que centenarios: Viña Tondonia, de Bodegas López de Heredia (Haro), y la Finca Ygay, de Marqués de Murrieta (Logroño), para concluir con una gran cata de 17 'top' de Rioja que dejaron el pabellón muy alto: «Es una demostración de músculo único, al alcance de muy pocas regiones en el mundo», afirmó Santi Rivas (Sobremesa). Enrique Calduch (El Español), periodista coordinador de las mesas redondas, apostilló que «hemos visto una Rioja poderosa, sólida, capaz de competir en el mundo donde quiera y, ahora, el reto es mirar al futuro y echar a andar para no quedarse anquilosada».

Y es que la cata fue pletórica, aunque la categorización de la misma, 'Viñedos Históricos-Reservas y Grandes Reservas', no respondía exactamente al perfil de algunos de los vinos, cuyos elaboradores los etiquetan como 'genéricos' y están incluso más cercanos al concepto de 'origen' que al de 'estilo': entre ellos, por ejemplo, los sensacionales Señorío de San Vicente, Gaminde, de Finca Allende, o El Cerrado, de Castillo de Cuzcurrita, por citar algunos.

En cualquier caso, se pudieron probar vinos excepcionales también con ese concepto más 'clásico', como el soberbio Remírez de Ganuza Gran Reserva de 2011, el Viña Tondonia 2001 y, por supuesto, el Castillo de Ygay Gran Reserva 2010, cuyo premio a Mejor Vino del Mundo de 2020 recogía la semana pasada Vicente Cebrián, presidente de Marqués de Murrieta.

En resumidas cuentas, para este cronista la misión inversa fue un bonito viaje a la diversidad de Rioja que está tanto en los viñedos como en los estilos, y también en nuevas propuestas y formas de elaborar, en la Rioja todavía más silenciosa que está llamada a completar un espectacular panorama en la gran región española que más ha ofrecido hasta hoy y que más tiene por ofrecer.