Premiados, patrocinadoresy organizadores del evento. / FOTOS M. HERREROS

Todo al blanco y al tinto

Bodegas Perica. La firma de San Asensio, con viñedo repartido en varios puntos de Rioja Alta, presentó en la cata un blanco de variedad viura y un tinto de tempranillo y maturana

Irene Martínez Zapata
IRENE MARTÍNEZ ZAPATA

En una jornada de algo más de nueve horas entre hoyo y hoyo, con la cabeza en el cálculo de los puntos y el cuerpo en el arte de la maña y del tino, acabar y poder gozar con un magnífico vino, acompañado de un picoteo y diferentes enseres, es algo muy gratificante. Un «aliciente, un gran acicate», como algunos jugadores reconocieron. Algo novedoso, en comparación con otros torneos de campos de golf del entorno. Esta celebración social no es común en el resto de torneos ya que cuando se acaba el juego, se acaba el encuentro. Esto es un hecho diferencial de este evento y que todos los asistentes disfrutan gracias a los patrocinadores.

Como es habitual, a las 19.00 horas, una vez los jugadores han tenido tiempo de descansar y asearse, tiene lugar la entrega de premios y la cata de vinos. Tras la entrega, los asistentes se distribuyeron en las mesas del salón para dar rienda suelta a los sentidos que les ayudarían a apreciar los matices, olores y colores de los vinos que estaban a punto de probar.

Fue José Luis Castroviejo, el responsable de marketing y comunicación de la bodega, quien presentó a los asistentes un blanco y un tinto de la bodega de San Asensio. Comenzó a contar la historia de la compañía, «una bodega familiar nacida en 1912 que ahora mismo está liderada por la tercera generación». Cuenta con más de 150 hectáreas de viñedo propio en varias zonas de Rioja Alta: Cenicero, Briones, Bañares, Rodezno, Haro,... «Cada uno con sus propias características climatológicas y de suelo que aportan variedad y distinto carácter a nuestros elaborados», continuó.

La cata es un hecho diferencial de este evento gracias a los patrocinadores

Luego se cató el primer vino: el blanco. Un vino 100% viura que proviene de uvas de las finca que tienen en Viña Olagosa y Salmuera. Le caracteriza su «color amarillo pajizo y brillante, su buena expresión frutal, con notas de piña y manzana con matices propios de su fermentación en madera como coco y vainilla. En boca es sedoso, amplio y afrutado», comentó.

A continuación, Castroviejo presentó el tinto elaborado un 75% con uva tempranillo y un 25% con maturana que aportan al vino un color rojo profundo y brillante. En nariz «es intenso, con notas de cereza negra, mora y menta, sutilmente combinados con los aromas aportados por el roble, granos de café, vainillas y cacao».

Al probarlo analizó su «golosa entrada en boca con taninos suaves apoyados en una buena acidez». Sin duda, un vino «equilibrado, de cuerpo, persistente y largo donde seguimos notando la fruta y la crianza en boca», concluyó.

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