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LA CATA

Sensorial y orgánico

Bodega Marco Real. La firma bodeguera presentó tres caldos al final de la jornada deportiva con un blanco chardonnay de largo envejecimiento en barrica

Irene Martínez Zapata
IRENE MARTÍNEZ ZAPATA

La cata de Marco Real tuvo un toque diferente a las anteriores. El ambiente estaba aún más animado, quizá fue el efecto que provocó el sol y el buen tiempo entre los presentes.

Una vez los invitados tomaron asiento, José Manuel Plo, el director general del Grupo la Navarra junto con el responsable de Internacional y Marketing, Ricardo Aguiriano explicaron los inicios de Marco Real. Para poner en contexto a los invitados reprodujeron, antes de probar los vinos, un vídeo resumen de la bodega. En él se mostraba la ubicación de sus siete diferentes etiquetas. También hubo un recorrido por las diferentes fincas mientras presentaban al equipo Marco Real.

Luego se sirvió el primer vino, el blanco. Un Chardonnay con origen en la sonsierra navarra cuyos viñedos se encuentran a 450 metros de altitud. Aguiriano explicó que esa zona tiene influencia mediterránea y que por tanto el resultado es un vino fresco y fácil de beber, que es lo que buscan para este chardonnay.

José Manuel Plo y Ricardo Aguiriano mostraron el respeto de la firma por sus variedades y terrenos

En ese momento intervino Plo para contar que existe un mito que dice que los blancos envejecen mal «y no es así». De hecho, «el chardonnay es el que mejor envejece» y en su bodega tienen «de hace 30 o 40 años», explicó. Mientras servían el siguiente vino, el crianza orgánico 2018, en la sala se podía escuchar el chin chin de las copas al brindar.

Del orgánico apuntaron que «es un crianza como cualquier otro, con la diferencia de que ha tenido un tratamiento cuidadoso: sin pesticidas y con menos agresiones». Esto es una característica cada vez más valorada entre los consumidores, según contaron durante la cata. Está elaborado con un 80% de tempranillo y 20% de graciano para luego dejarlo reposar seis meses en barricas de roble americano. «Tiene ribetes de fruta madura y en nariz se perciben aromas de frutos rojos y negros», comentó Aguiriano.

El broche final lo puso el vino de la colección 'Rioja 47'. Estas botellas son fruto de una rigurosa selección de uvas de variedades y viñedos excepcionales. «En ellas los enólogos ponen toda su pasión, orgullo y saber hacer», concluye Ricardo Aguiriano. Al igual que el anterior, también está elaborado con tempranillo y graciano, procedentes de antiguos viñedos situados en el corazón de Rioja Alavesa, protegidos por la cadena montañosa de la Sierra de Cantabria.

Así se cerró la cata. No había mejor forma de acabar la semana. Los presentes, reunidos en diferentes grupos se iban despidiendo hasta la próxima cita, que será dentro de casi un mes.