Iván Sánchez, con una botella, junto con su compañero de cocina en Moncalvillo Pablo Stefanini. / Justo Rodríguez

«La gran revolución de la vitivinicultura nacional está en Rioja»

Iván Sánchez es uno de los tres finalistas del 'Premio Sumiller Revelación Marqués de Vargas', que la bodega riojana entrega mañana en Madrid tras la competición

Alberto Gil
ALBERTO GIL Logroño

El joven valenciano Iván Sánchez (1996), sumiller de Venta de Moncalvillo (una estrella Michelin), representa a La Rioja en la primera edición del 'Premio Sumiller Revelación Marqués de Vargas powered by The Wine Studio'. La final, que se celebra mañana en Madrid, reúne a tres de los mejores profesionales de sala del país de menos de 40 años. Aitor Maiztegui, jefe de sumilleres de Azurmendi, reconocido con tres estrellas Michelin, y Alejandro Escáriz, al frente de Media Ración, en el madrileño Hotel & Spa URSO 5 estrellas, son los otros dos finalistas. Sánchez acude a la cita tras ganar, junto con su compañero en la cocina de la Venta de Moncalvillo Pablo Stefanini, la Copa Nacional de Jerez, una competición en la que los mejores restaurantes del país presentaron un equipo de chef y sumiller, con una propuesta de dos platos y un postre maridados con vinos de Jerez o Manzanilla.

– Está usted que se sale. ¿De dónde le viene la afición al vino?

– Soy valenciano, de un pueblecito de la costa. Mis padres tenían un bar de pueblo y siempre estuve ahí ayudando, aunque mi contacto con el vino fue posterior, ya que allí como mucho se consumía con gaseosa. Estudié hostelería, un grado superior en Castellón, y una de las asignaturas era la sumillería y me encantó porque no solo era vino, sino también geografía e historia a través del vino. Luego hice prácticas en el restaurante del Hotel Marqués de Riscal y estuve allí dos años, primero como ayudante y luego como sumiller. Una día fui a comer a la Venta de Moncalvillo y me enamoré del lugar y del proyecto de la familia..., y hasta ahora.

«El futuro está ahora en nosotros, en nuestras variedades autóctonas y en nuestras propias raíces, cultura y tradición»

– ¿Cómo ve la competición de mañana?

– Muy interesante. Son dos rivales muy buenos. Aitor es jefe de sumilleres en uno de los mejores restaurantes del país y tiene una trayectoria impresionante, mientras que a Alejandro le conozco menos pero, para estar donde está, tiene que ser también extraordinariamente bueno.

– ¿Cómo fue lo de la Copa Jerez?

– Impresionante. Ganar la Copa Nacional, ante rivales como Atrio o Ambivium, fue una pasada porque había gente preparadísima. Luego no pudimos en la Copa Internacional, que fue a parar a un restaurante belga, pero la experiencia, y más para un establecimiento pequeño como el nuestro, fue preciosa.

– ¿Ha pasado factura la pandemia a la sumillería?

– No ha sido nada fácil. Ha afectado a la sumillería y también a la hostelería en general. Ahora además tenemos un problema de falta de personal. En otros trabajos se meten muchas menos horas que en este, pero también es cierto que quien consigue crear y trabajar con un buen equipo puede llegar muy lejos. Creo que después de la pandemia, en general, van a tener que mejorar las condiciones laborales de las personas que trabajamos en esto.

– Está en contacto habitual con varios bodegueros de Rioja. ¿Estamos asistiendo a una pequeña revolución en los últimos años?

– Es cierto que ahora mismo se está apostando mucho por el pequeño viticultor y que se están haciendo cosas muy bonitas. Sin olvidarnos por supuesto de las grandes y centenarias bodegas que han hecho la historia del vino de Rioja y de España, estamos viviendo una corriente más que interesante. Dicen que la historia la escriben los ganadores y la literatura los perdedores, y ahora mismo hay mucho que contar de lo que está pasando en Rioja y en España. Como también dice Juancho Asenjo, la gran revolución de la vitivinicultura nacional está en Rioja. Tenemos todo para volver a estar en la cúspide, aunque este movimiento se está produciendo también en otras regiones como Galicia, Jerez o Valencia, por citar algunas, y creo que es muy positivo para el sector del vino.

– ¿Volvemos al kilómetro cero, como pasó también con la gastronomía?

– Veníamos de una época en la que se miraba mucho más hacia fuera, a las variedades foráneas por ejemplo, pero creo que el futuro está ahora en nosotros, en nuestras variedades autóctonas como el tempranillo, la garnacha, pero también en el mazuelo o el graciano, así como en nuestras propias raíces. Ahora también cuentan las antiguas técnicas de elaboración, como el hormigón y otros materiales además de la madera, o los lagos históricos, y creo que eso es algo muy bonito porque forma parte de nuestra historia y nuestra cultura.