Entrada al polideportivo Titín III, en Prado Viejo, que ofrece atención al temporero desde el 15 de septiembre al 14 de octubre. / JUSTO RODRÍGUEZ

Logroño vive la vendimia con menos temporeros que se recuerda en años

La estación de autobuses registra una afluencia reducida, en el pasaje de Vara de Rey no hay pernoctaciones y el Titín III no llega a ocupar ni 100 de sus 150 plazas

Javier Campos
JAVIER CAMPOS Logroño

Donde otrora se amontonaba una creciente montaña de bultos hoy hay apenas varias maletas que, además, ya no estarán mañana. Donde antes se apilaban muchos colchones y mantas ahora se acumulan solo unos pocos cartones que, de la misma manera, desaparecerán. Donde el año pasado y los anteriores se arremolinaban grupos y grupos con vocación de permanencia no se ven más que algunos hombres aquí y allá con la intención de irse lo antes posible.

Nadie se atreve a dar una explicación concluyente, pero la realidad es la que es y salta a la vista: apenas hay temporeros en los alrededores de la estación de autobuses de Logroño en comparación con pasadas vendimias. Y la situación es tal que hasta las administraciones públicas y las entidades sociales que tratan de dar respuesta desde la Mesa de Pobreza al masivo contingente que se desplaza cada año están sorprendidas.

La capital de La Rioja vive la campaña de la uva con menos temporeros que se recuerda. La terminal, entre la avenida de España y la calle Belchite, registra una afluencia que se antoja reducida a estas alturas, en el pasaje entre Vara de Rey y Pío XII no se pernocta –salvo excepciones muy puntuales que, vaya por delante, pueden verse el resto del año– y el polideportivo Titín III, donde este 2021 se desarrolla el dispositivo de atención 'especial', no llega a ocupar ni 100 de sus 150 plazas.

JUAN MARÍN

Logroño está viviendo la vendimia más tranquila de los últimos tiempos, con menos inmigrantes esperando en la calle en busca de jornal dos semanas después de activado el operativo de acogida. «Si para el lunes no viene el aluvión de cada temporada, probablemente ya no llegará pues para el Pilar suele estar todo cosechado», pronostica Marcos Montoya, técnico del programa de temporeros de Cáritas. Pocos se atreven, en cualquier caso, a lanzar las campanas al vuelo a la espera de que la campaña se generalice; aunque, a puertas de octubre, el grueso ya debería haber llegado. Se espera que estos días aumente tanto la actividad como las idas y venidas, aunque se confía en que este año sea un punto de inflexión y quién sabe si el principio del fin de casi tres lustros de crisis humanitaria.

«Cada año viene menos gente porque la vendimia no garantiza trabajo de continuo y, salvo en casos de mucha necesidad, no resulta atractiva... Nos alegramos de que la gente no esté en la calle», constata el presidente de la Asociación de Trabajadores Inmigrantes Marroquíes (ATIM), Mohamed El Gheryb.

Ninguno de los agentes implicados en el dispositivo es capaz de acertar a exponer los motivos reales para lo que está sucediendo. «No lo sabemos a ciencia cierta, si bien todos los técnicos dicen que ha venido mucha menos gente», corrobora el concejal de Servicios Sociales y Desarrollo Comunitario, Iván Reinares.

Se habla del notable incremento de la mecanización del campo, de mejoras en la contratación y de un mayor control y vigilancia a pie de viña... también del retraso o el solapamiento con otras campañas... nada de lo que no se hablase en otras temporadas cuando la gente venía en masa. No se habla, además, de que falte mano de obra. Se incide, y eso sí que es nuevo, en que el año pasado a La Rioja llegaron muchos trabajadores en ERTE de otros sectores «a buscarse la vida». «Hay que tener claro que influyen muchos factores», sostiene Reinares.

Nadie se atreve a dar una explicación concluyente, y a la espera de ver qué pasa a primeros de octubre se apunta a muchos factores

«Hay quien lo ha pasado tan mal en la calle para, finalmente, tener que volverse a su lugar de origen, que el boca a boca ha funcionado y no pocos han desistido», explican fuentes del dispositivo. «Cuando no se trata bien a la gente, generalmente, no se vuelve...», pone de manifiesto Aline, senegalés recién llegado a la capital desde Lérida con el recuerdo de la semana que trabajó en 2008. Desde entonces no ha vuelto y, según dice, ya ha podido comprobar que las condiciones no han mejorado.

Que hay menos temporeros se ha notado desde el principio y empezando por La Rioja Baja. Así, en Alfaro, donde Cáritas ya ha cerrado su dispositivo, se hizo con un 40% menos de atenciones. Y en Fuenmayor, por ejemplo, se abría hace unos días pese a la escasez de trabajadores. «Habrá que analizar las causas una vez concluida la campaña», sentencia Reinares. «De momento, es prematuro sacar conclusiones», asevera Montoya.