UN MUNDO SIN LÍMITES

UN MUNDO SIN LÍMITES

Nací y crecí en Francia, donde mi familia era propietaria de dos châtaeux grand cru classé, en el corazón del Medoc. Enrique Forner, mi padre, fundó Marqués de Cáceres en Cenicero en 1970. Puedo decir con orgullo que fue el gran 'revolucionario' del vino de Rioja en aquellos tiempos, con la creación de un nuevo estilo de vinos, con crianzas menos acusadas en madera nueva, un mayor protagonismo de la uva y, en definitiva, una modernización de los Riojas históricos. Mi padre era valenciano, de Sagunto, aunque tuvo que exiliarse a Francia, donde adquirió una profunda educación vitivinícola. Amaba España y, por supuesto, La Rioja, de la que conocía su extraordinario potencial para elaborar grandes vinos.

Me pidió en los años 80 que trasladara mi residencia desde París a La Rioja y no fue una decisión fácil para mí porque me había formado y tenía mi vida en Francia. Soy mujer, diplomada en la Escuela Superior de Comercio y Administración de Empresas y con estudios también en el Instituto de Enología de Burdeos, y, por aquel entonces, la integración de una mujer en el mundo rural no era sencilla. Se trataba de garantizar la continuidad del negocio familiar y por ello tomé la decisión que había que tomar, aunque para mí fue un cambio radical.

Marqués de Cáceres había consolidado su proyecto a nivel nacional. En poco más de diez años mi padre había conseguido que sus vinos se vendieran en todo el país. Nos faltaba dar el gran salto internacional. Durante quince años estuve viajando más de seis meses cada año y hoy puedo decir que nuestros vinos están presentes en más de 120 países. Y, sí, era extraño. Apenas había mujeres. No las había en la bodega, pero mucho menos al frente de un departamento como la dirección de exportación, por lo que en este sentido puedo considerarme una pionera.

Hoy las cosas han cambiado y hay viticultoras, enólogas, empresarias, comerciales, grandes somelliers…, que son mujeres y creo que, más que un gran paso, es un proceso absolutamente natural. Sí creo que tenemos una sensibilidad y una creatividad especial.

Recuerdo que en los años 90, con la complicidad de nuestro histórico enólogo Fernando Gómez, quise sacar un nuevo vino que rompía con la línea tradicional de Marqués de Cáceres. La idea era poner en el mercado una selección de los más viejos viñedos, con potencia, estructura pero sin renunciar a la elegancia. Así nació nuestro gran vino Gaudium, que en un principio elaborábamos a escondidas de mi padre, quien, de escuela clásica, no entendía este nuevo concepto de Rioja. A ese complemento masculino y femenino me refiero porque Gaudium es desde entonces nuestro vino 'top', que en su añada 2008 obtuvo los 100 puntos por la Guía de Vino de El País.

Estoy convencida de que el papel que va a desempeñar la mujer en el mundo del vino no tiene límites. Tenemos formación, tenemos entusiasmo para defender nuestras convicciones y tenemos, insisto, una sensibilidad especial para definir perfectamente las características de un vino, así que existen extraordinarias oportunidades para las mujeres que deseen labrarse un futuro en este sector.