«Logroño es una enópolis»

Pablo Hermoso de Mendoza, alcalde de Logroño./Justo Rodriguez
Pablo Hermoso de Mendoza, alcalde de Logroño. / Justo Rodriguez

«Nuestra singularidad estratégica es el mundo del vino, ya que define no sólo una actividad económica sino un modo de vida», afirma el alcalde de la capital riojana

L. R.

Para Pablo Hermoso de Mendoza, nuevo alcalde de Logroño, un evento como 'Noches de vino, días de Rioja' ejemplifica y representa la unión de dos ejes fundamentales de Logroño: el vino y la gastronomía porque «es básico que en una ciudad como la nuestra uno de los elementos fundamentales sea la creación y si hay mundos que por sí mismos representan la creación son el vino y el mundo de la restauración, tanto en su vertiente más popular como en la más sofisticada».

-¿Qué representa el vino y la gastronomía en el modelo de ciudad al que aspira?

-No podemos olvidar que nuestra singularidad estratégica es el mundo del vino, ya que define no sólo una actividad económica sino un modo de vida que queremos conservar y preservar. Tenemos que hacer del vino y de la gastronomía también un aliciente para la atracción de un turismo culto y sofisticado. Y más allá, un elemento que permita atraer a mucha gente a diferentes disciplinas en otras áreas de valor económico. Hablamos de economía verde, tecnologías de información y comunicación, industrias culturales y creativas. Este tipo de sectores necesitan de ese impulso y desarrollo del que hemos venido hablando con claridad todos estos meses.

«La apuesta tiene que ser por el conocimiento. Nada atrae más que el conocimiento»

«Hablamos de economía verde, de tecnologías, industrias culturales y creativas»

-¿Qué tiene que representar Logroño en relación al mundo del vino?

-Logroño es una enópolis. Tenemos que darnos cuenta de que la capital de La Rioja es una ciudad que está rodeada de vides. Si uno se sube a ese fantástico mirador del Cortijo contempla un meandro excepcional; en las huertas de Varea se respira campo. Nosotros como ciudad también somos cuatro millones de cepas de vid, más de mil hectáreas de viñedo, 15 bodegas, algunas de ellas centenarias con proyectos de enoturismo cada vez más sólidos, somos calados, nos atraviesa el Camino de Santiago.... Todos estos factores componen una singularidad que hemos de contar y explicar para poder empezar a posicionarnos como una ciudad de referencia en el mundo del vino. Un ejemplo, la idea es que una persona que estuviese pensando en formarse en cualquier rama que tuviera que ver con el vino le llegara a su mente la ciudad de Logroño como ahora sucede con Burdeos, Borgoña, Camberra o Napa Valley. Tenemos dos universidades que están trabajando y estudiando en materia vitivinícola, los diferentes organismos que trabajan y que desarrollan sus proyectos en torno al vino, pero además es impresionante el listado de personas que son referencia por sus conocimientos en el mundo, en sus dimensiones culturales, artísticas, gastronómicas, paisajísticas. Creo que no nos faltan recursos humanos ni técnicos para poder pensar que Logroño se pueda convertir en un claro referente mundial en materia vitivinícola. Todo ello dentro del ecosistema que supone La Rioja donde sobresalen también otros municipios que trabajan de una forma clara por hacer del vino su seña de identidad. Me gustaría que el vino fuera no un límite, sino un elemento central en nuestro modo de vida. Y que lo mismo que una Toscana o una Provenza representan un modo de vivir (atrayente y sugestivo), La Rioja y Logroño como su capital, también significaran algo parecido. Eso nos aseguraría avanzar en lo que se ha venido en llamar como 'cuarta capa de valor'.

-¿A qué se refiere con cuarta capa?

-Hace unos días teníamos la oportunidad de escuchar en Conversaciones Heladas como algunos de los estrategas del turismo se referían a la agricultura, a la industria, a los servicios y a esa capa de valor que órbita en torno al conocimiento, tecnología, innovación sobre todas las anteriores, que son las que permiten asentar parte de las claves del futuro para que exista un equilibrio que nos permita un modo de vida que nos haga disfrutar de una menestra albardada con un vino de Rioja mientras construimos nanotecnología o biotecnología.

-¿Cómo ha de ser ese motor?

-La apuesta tiene que ser por el conocimiento. Nada atrae más que el conocimiento, que decía Aristóteles. Y en Logroño existe un gran conocimiento en materia vitivinícola. Desde luego ha de ser un proyecto compartido por todos. Necesitamos mostrar una sólida confianza en nosotros mismos, que creemos y estamos convencidos de que es posible hacerlo. Quizás existen esfuerzos muy fragmentados entre sí que necesiten integración entre ellos dentro de un ecosistema superior. Debe ser una ambición compartida y los mimbres son muy sólidos. Napa Valley que es una referencia global comenzó prácticamente desde cero. Además, la consecución de la excelencia posee un efecto de emulación. Logroño es un ejemplo en los últimos años de aceleración muy importante en todo lo que significa la innovación gastronómica. Existe el fondo, personas y medios que lo comunican muy bien, una Academia de Gastronomía. Es generación continua de sinergias que se apoyan unas a otras y que dan resultados. Si tomáramos perspectiva, hemos ido subiendo el nivel de una forma clarísima. Pues bien, éste es un ejemplo.