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Jerez y Champaña

Dice Carlos Echapresto que el mundo del vino es tan grande y tan inabarcable que en un momento dado tomó la decisión de centrarse en Rioja: «Es mi tierra y he mamado esta cultura. Pero tenía inquietudes y pensé en otros vinos que no fueran competencia de Rioja, que no fueran tintos ni blancos y que tuvieran un carácter completamente distinto. Me enamoré de Jerez porque son los vinos del espíritu, los vinos del alma, de la historia. Jerez es capaz de emocionar y de herir la garganta, de transmitir algo que otros no son capaces. Tanto a través de la historia o como de la gente que hay allí». El otro espacio vinícola que enamora a Carlos Echapresto es Champán: «Es la bebida de la fiesta y de la alegría por excelencia. Decía Napoleón que era necesario en las victorias e imprescindible en las derrotas». Dice Carlos Echapresto que en ocasiones se le solicita su opinión por parte de bodegas para conocer cómo son sus vinos desde la perspectiva de un sumiller: «Son las que tienen inquietudes para demostrar que quieren seguir creciendo en cuanto a la calidad. En nuestro caso, hemos notado que hemos dejado de ser los chavales del pueblo de ahí arriba a ser personas a las que se nos escucha, que tiene un criterio que pueden aportar algo. En ocasiones antes de sacar un vino vienen aquí, lo descorchamos, hablamos sobre él».

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