Iñaki Gurría, director general de JIG, junto a Pablo Hermoso de Mendoza, Elena Pilo y Rubén de Arriba, durante la última mesa redonda de Imaginext. / JUAN MARIN

Una oferta enoturística sostenible

La última mesa redonda puso el foco en la necesidad de impulsar el enoturismo mediante la tecnología y el análisis de datos

Irene Echazarreta
IRENE ECHAZARRETA

La última mesa redonda de Imaginext Rioja, que llevó por nombre 'Turismo sostenible. Enoturismo', reflexionó sobre las distintas iniciativas que impulsan un enoturismo más sostenible, más aún cuando esta modalidad turística constituye uno de los sectores por excelencia de la comunidad riojana. Una andadura sobre la que La Rioja ya lleva mucho camino recorrido, siempre con el objetivo de posicionar a la capital, Logroño, como un destino nacional, sostenible y de calidad.

«El enoturismo es el tractor del turismo en La Rioja, la motivación por la que nos visitan. Además, sirve de palanca de dinamización económica y de recuperación de las tradiciones, así como del patrimonio industrial y cultural. El turismo bien gestionado es muy positivo para un destino, y en esa planificación es donde tenemos que empezar a trabajar», explicó Elena Pilo, representante de la Asociación Bodegas de Logroño.

Sobre todo porque, como resaltó Pablo Hermoso de Mendoza, alcalde de Logroño, una de las aspiraciones municipales es la de conseguir 1,2 millones de visitas enoturísticas, el 52% de ellas de turistas internacionales, y un gasto medio de 42 euros en bodegas. Un objetivo para el que, no obstante, resulta esencial elaborar «un relato centrado en la experiencia que supone la visita a La Rioja».

La tecnología ayuda a las bodegas a mejorar la percepción que los ciudadanos tienen de sus actividades

Asimismo, también hace falta desarrollar el canal digital para analizar, entre otras cosas, las ingentes cantidades de datos que se generan en el proceso de digitalización enoturístico. «La tecnología nos ayuda a captar los datos que miden nuestra actividad, mediante los que conocemos cuál es nuestro impacto económico, cuánto de sostenible somos o si dinamizamos la zona mediante las experiencias que ofrecemos. Toda esta información hace que desde las bodegas podamos mejorar la percepción que los ciudadanos tienen de nuestras actividades y fomentemos el desarrollo turístico», argumentó Pilo.

«En la Ruta del Vino Sierra de Francia hay zonas grises, en las que no llega el internet, por lo que tuvimos que implementar un sistema para terminar con esta brecha digital, en la que los turistas, cuando pasan cerca de uno de los establecimientos de la ruta, les sale un aviso con la carta, fotografías o precios de los restaurantes. Nos dimos cuenta de que la digitalización en zonas como la nuestra es muy importante y por eso creamos una plataforma de comercialización con 56 experiencias puramente enoturísticas», destacó Rubén de Arriba, gerente de la Asociación Ruta del Vino Sierra de Francia. Porque, como incidió De Arriba, «el enoturismo es ecoturismo, un paso natural. Tenemos muchos productos, solo hay que convertirlos en turísticos a través de la sostenibilidad».

El «paso natural» del enoturismo al ecoturismo de la región

lmpulsar el enoturismo sostenible no es una tarea fácil, requiere de muchos meses de trabajo y de sensibilización por parte de todos los agentes implicados de una empresa o bodega, que deben aunar sus esfuerzos para diseñar un relato diferente al de sus competidores conforme al vino y la cultura. Una creación que, además, también debe de estar dotada de autenticidad. Este es el ejemplo concreto de la Asociación Ruta del Vino Sierra de Francia, situada en el suroeste de Salamanca, que, desde que fue distinguida como 'Destino enoturístico sostenible y responsable 2020', ofrece «un producto turístico contemporáneo y adaptado a lo que demandan los turistas».

Porque, como destacó Rubén de Arriba, gerente de la Asociación Ruta del Vino Sierra de Arriba, solo en base a estos tres pilares se puede conseguir «un producto turístico y enoturístico muy potente, que es lo que demandan la Sierra de Francia, Castilla y León, La Rioja y España entera». Un proceso en el que, además, también apuestan por el ecoturismo. «El enoturismo y el ecoturismo van de la mano, es un paso natural. Las empresas o los alojamientos tan solo tienen que adaptar los servicios que ofrecen, como los maridajes o las visitas a los viñedos, a ese producto contemporáneo que tanto se demanda y a su forma de ser», explicó De Arriba.

Una transformación para la que, como insistió, se abren numerosas oportunidades. «El nicho de mercado que se abre es muy potente, porque todo el turismo del enoturismo lo puedes derivar en ecoturismo, sobre el que sale una ventana muy importante para La Rioja y España».

La Asociación Ruta del Vino Sierra de Francia, enmarcada en la Denominación de Origen de Salamanca, con uvas de la variedad autóctona Rufete, elaboró en 2020 la primera plataforma de comercialización de experiencias enoturísticas sostenibles. De ahí que entre sus aspiraciones esté la de transformar su proceso de producción del vino en materia ecológica. «Estamos volcados en el enoturismo para que el territorio en el que nos encontramos sea un fiel reflejo de lo que vendemos, la sostenibilidad, que es lo que nos puede diferenciar. Sobre todo, porque no podemos competir en cantidad, pero sí en calidad, en ofrecer algo que es único, como es la transformación de nuestra Denominación de Origen en una 100% ecológica, así como en nuestra aspiración de convertirnos en un destino ecoturístico y enoturístico», concluyó el gerente de la Asociación Ruta del Vino Sierra de Francia.