Richi Arambarri y Raúl Acha, director técnico de Vintae, en un viejo viñedo de Cárdenas. / L. R.

Viñedos del Pacto

El pacto de Vintae con la viña vieja

Vintae crea una nueva división para impulsar vinos de antiguos viñedos con carácter de zona del Alto Najerilla y de la Sonsierra

Alberto Gil
ALBERTO GIL Logroño

La compañía de vinos Vintae afronta una nueva etapa con Viñedos del Pacto, un proyecto ideado como una vuelta al origen, a Rioja, y con la idea de trabajar exclusivamente con viejos viñedos, anteriores a 1970, en la Sonsierra y el Alto Najerilla: «Son dos zonas extraordinarias de Rioja y pretendemos elaborar vinos de paisaje, de esos viejos viñedos que conservaron nuestros abuelos y padres y que son un tesoro para nuestra generación pero que, sin embargo, están en riesgo de desaparición por su escaso rendimiento productivo», explica Richi Arambarri, CEO de la compañía.

Vintae trabaja dentro de Viñedos del Pacto con un ambicioso proyecto de I+D+i en el que ha invertido 800.000 euros: «Estamos identificando variedades de estas viejas viñas que no estaban ni catalogadas y la bodega llegará, pero después, cuando hayamos consolidado los vinos», avanza. En la Sonsierra, Viñedos del Pacto –cuya etiqueta hace referencia al relevo generacional– ha puesto en el mercado Riojanda, un vino de viñedo singular de una parcela centenaria en propiedad de Navaridas, mientras que El Pacto tinto lo elaboran con uvas de 27 parcelas de San Vicente, Baños y Villabuena: «Nos gusta mucho cómo se expresa el tempranillo en esta zona y creemos que el futuro de Rioja pasa por identificar estas parcelas, los minifundios, y poner nombres y apellidos a los viñedos y los pueblos en esta zona tan extraordinaria como es la Sonsierra».

El Najerilla

En todo caso, la piedra angular de Viñedos del Pacto está también a este lado del Ebro, en el Alto Najerilla, donde Vintae utiliza las viñas propiedad de la familia de Raúl Acha, director técnico de la compañía, para elaborar vinos con personalidad de zona, en la que las viejas viuras y garnachas ofrecen una singularidad extraordinaria: «Es una comarca emergente, que está atrayendo a gente como Vinoteca Palacios, Gómez Cruzado, Juan Carlos Sancha, a nosotros...». «El Najerilla sigue siendo una zona muy desconocida –continúa Arambarri–, lejos del ferrocarril y del interés en su día de las grandes bodegas, lo que ha permitido mantener mucha más diversidad vegetal, con minifundios en varios municipios a los que no llegaron las parcelarias». Un paseo por estos pequeños viñedos es una experiencia inolvidable. Almendros, nogales, olivos, higueras, membrillos... se entremezclan con pequeños majuelos de viña asentados sobre pequeños cerros, que forman un paisaje único: «Lo más característico es la extraordinaria diversidad, varietal, y de la vegetación que rodea la viña», explica Raúl Acha. «Los grandes vinos del mundo –continúa– son aquellos que reflejan un paisaje y estos lo hacen».

Los nuevos vinos

Viñedos del Pacto ya ha puesto en el mercado un blanco del Alto Najerilla, con uvas de ocho parcelas (la más joven de 1973) y de cinco pueblos diferentes. Arambarri tiene claro que este vino, mayoritario de viura, puede estar a la altura de los mejores blancos gallegos: «Las noches de verano son más frescas y los suelos retienen el agua a la perfección, con lo que obtenemos uvas con más frescura y pH naturales incluso más bajos que en Galicia».

La colección del Alto Najerilla incluye también El Pacto Valdechuecas, otro vino de viñedo singular, de una parcela de 1918, con garnacha y nueve variedades más del propio 'blend' de la parcela, al tiempo que Raúl Acha ha creado otro vino en homenaje a su padre, que trabajó toda su vida con estos viejos viñedos: Jesús Acha 2019, un vinazo de una parcela centenaria, con garnacha, mazuelo, tempranillo y las uvas de las cepas blancas entremezcladas con las tintas. Un gran homenaje al 'patriarca' familiar: fino, larguísimo y fresco que dará que hablar, como este pacto con los viejos viñedos de la zona.