Álvaro Palacios, con un azor y junto con otros miembros de la plataforma Paisajes de La Rioja, en el viñedo Quiñón de Valmira y, al fondo, los molinos de la sierra de Yerga. / JUAN MARÍN

Álvaro Palacios renuncia a invertir 18 millones en su nueva bodega en Alfaro

«Digo adiós a mi Rioja del alma; cómo voy a construir una bodega si la visión a 360 grados serán molinos gigantes»

Alberto Gil
ALBERTO GIL Logroño

Álvaro Palacios adquirió una finca de 60 hectáreas para construir una nueva bodega totalmente sostenible y salir del casco urbano de Alfaro, donde se ubica la casa familiar Palacios Remondo. En El Bierzo, junto con su sobrino, invirtió dieciséis millones para levantar una preciosa bodega integrada y funcional para elaborar los mejores vinos..., y el plan era hacer lo mismo en Rioja y con el mismo arquitecto: Rafael Moneo.

– ¿No hay vuelta atrás?

– Con todo mi dolor de corazón tengo que decir «adiós, Rioja querida de mi alma». Empecé en Priorat, luego fui a Bierzo y puse todo mi empeño en Rioja, en los viñedos familiares de la sierra de Yerga, para demostrar que podemos hacer vinos de clase mundial, pero no puedo luchar contra muros imposibles. ¿Con qué importador japonés o americano vamos a visitar y presumir de una zona vitivinícola respetada y amada por sus gentes si todas las cumbres, valles y vecindades de Yerga estarán colonizadas por molinos? No puedo invertir en una bodega si la visión, a 360 grados, son estos gigantes, sin respeto alguno ni de la avifauna ni la biodiversidad. Lo siento mucho por Rioja y por mi querido pueblo, Alfaro, cuyo nombre he tratado de llevar siempre por todo el mundo, pero mis vinos son paisaje.

– ¿Por qué se ha llegado a esta situación?

– La pregunta es por qué los compromisos legales, que aprobó el propio Parlamento de La Rioja, se convierten en papel mojado. En estos momentos ya son cuatro las declaraciones de impacto ambiental aprobadas desde la suspensión de la ley en el último mes. Es un contrasentido suspender una ley que protegía nuestros paisajes y autorizar una oleada de parques. Tenemos que pensar a largo plazo: ¿Queremos dejar un viñedo totalmente devastado, un paisaje lleno de molinos gigantescos o, peor incluso, de parques eólicos y fotovoltaicos donde ya no quepamos los viticultores? ¿Quién va a venir a invertir aquí? Ha habido tiempo, mucho tiempo, y las plataformas llevamos años reclamando una legislación razonable, pero todavía no sabemos ni cuándo se publicará la nueva Ley de Agricultura ni la directriz de protección de suelo. La peor inseguridad no la sufren los promotores eólicos o fotovoltaicos, sino los viticultores de calidad que pueden ver expropiadas sus fincas o invadidas por proyectos de molinos y tendidos eléctricos descomunales después de haber hecho grandes inversiones.

– ¿Se daría una situación como esta en otras zonas vitícolas de talla mundial?

– En otros países hay mucha mayor sensibilidad nacional y local. En Francia ya han reaccionado. Hay un libro clarividente que recomiendo a todo el mundo 'Eoliennes-la fase noir de la transition ecologique'. Francia ha decidido ampliar su abastecimiento por fuente nuclear, mucho más económica y sin emisiones de CO2 y el Senado ha dado facultad a los alcaldes para vetar parques eólicos ya que, además de considerarlos una amenaza, entienden que el consenso social es imprescindible. Los países del norte de Europa los ponen en el mar donde no hay población. En las zonas vinícolas de Burdeos, Borgoña, Champaña, Piamonte o la Toscana no hay parques eólicos. Tampoco los va a haber en Ribera del Duero, porque su gobierno local ha protegido el territorio, mientras que en el Marco de Jerez hasta la población se ha echado a la calle y cientos de bodegas en España buscan asesoría jurídica para defenderse de este acoso irracional. ¿Por qué no somos capaces de ver cómo se compone el patrimonio rural de nuestro país; por qué La Rioja no cuenta con una normativa como la de Cataluña, cuya ley autonómica ambiental faculta a los ayuntamientos a dictar informe desfavorable vinculante? Mientras a algunos se les ponen los ojos de 'Tío Gilito', veremos una gran parte de La Rioja agrícola y vitivinícola convertida en un territorio similar al que nos encontramos entre Tudela y Zaragoza: un mar de aerogeneradores sobre una tierra agrícola devastada y desesperanzadora. Que venga el político de turno y me explique cómo se puede argumentar un producto vitivinícola en medio de este caos que rompe por completo el encanto del viñedo y del propio ecosistema. No hay enorregión sin paisaje y la política actual está bombardeando este proyecto, hasta el punto de dejarlo inútil. Ya somos el país con más paro de Europa. Si nuestros políticos no son capaces ni de respetar sus propias leyes, 'apaga' y vámonos.