84 parcelas de 50 bodegas se convierten en los primeros viñedos singulares de Rioja

Eduardo Hernáiz, en Finca la Emperatriz, con varias parcelas reconocidas como Viñedo Singular y con la sierra de la Demanda al fondo. / Justo Rodriguez

El Ministerio reconoce, con la publicación en el BOE, la especificidad de 154 hectáreas de las casi 66.000 de la DOCa

Alberto Gil
ALBERTO GILLogroño

Los primeros vinos de viñedo singular de Rioja reposan en barricas o en bodega desde la cosecha 2017, cuando se abrió la posibilidad, por primera vez en casi cien años de historia, de certificar oficialmente determinadas fincas, parcelas, que, por sus características diferenciales, son capaces de ofrecer algo distinto cada cosecha con unas exigencias de producción y elaboración mucho más restrictivas que para el resto de vinos de Rioja.

Faltaba el reconocimiento oficial que, al ser Rioja una denominación de origen pluriautonómica, dependía del Ministerio de Agricultura y llegó ayer con la publicación en el Boletín Oficial del Estado (BOE) de los 84 primeros viñedos singulares de Rioja: 43 de ellos de Rioja Alavesa (diez de Laguardia), 31 de Rioja Alta (once de San Vicente) y diez de Rioja Oriental. Éste era uno de los pasos previos para la salida al mercado de los vinos y, una vez obtenido, únicamente queda pendiente la voluntad de los propios elaboradores y, en último extremo, el dictamen de un comité de cata externo que deberá acreditar que, tal y como se constató previamente tras la vendimia, son vinos excelentes.

No hay termino medio por tanto y, sin significar necesariamente que los vinos de viñedos singulares sean los mejores de Rioja, lo que está claro es que quien adquiera una botella tendrá la garantía de que está comprando un gran vino. De hecho, son 154 hectáreas las certificadas únicamente como singulares de las casi 66.000 amparadas por la DOCa: «Rioja sigue estando a la altura de las denominaciones más prestigiosas del mundo, demostrando su orientación al mercado y su permanente respuesta a las inquietudes y expectativas de los consumidores, profesionales, prescriptores y productores», aseguró ayer Fernando Salamero, presidente del Consejo Regulador. «Estamos -agregó- marcando una senda, que seguro van a recorrer también otras regiones».

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De hecho, Priorat, la otra denominación de origen calificada del país, y Bierzo ya han seguido los pasos de Rioja con una clasificación de viñedos, municipios y zonas. La puerta en Rioja se abrió en el verano del 2017 después de varios años de discusión en el seno del Consejo Regulador sobre las opciones de comenzar diferenciar las producciones más allá de los tiempos de estancia en barrica de los vinos. Lo hizo con la aprobación de esta nueva categoría de vinos de viñedos singulares y con el desarrollo de los vinos de pueblo y los de zona, aunque para estos dos últimos casos, a diferencia de Priorat y Bierzo, no se han previsto condicionantes ni de cultivo ni de bodega más restrictivos que para el resto.

En todo caso, nunca hasta ahora en Rioja se había ligado la calidad de un vino a un viñedo en concreto, como tradicionalmente sucede en las denominaciones más prestigiosas del mundo. Lo que expresamente reconoce el Ministerio de Agricultura de los viñedos singulares, integrados por una o varias parcelas catastrales, son «sus características agrogeológicas y climatológicas propias y uniformes, que los diferencian y distinguen de otros de su entorno, de los que se obtienen vinos con rasgos y cualidades singulares».

El Consejo Regulador deberá tener listo en breve un comité de cata formado por expertos independientes para valorar organolépticamente los vinos cuando una bodega desee sacarlos al mercado. La nota deberá ser 'excelente', con lo que los vinos tendrán una doble garantía: su calidad y que las uvas (hiele, llueva o truene) proceden de la parcela a la que hacen referencia.