«He probado vinos chinos a 280 dólares y son réplicas sin magia ni misterio»

El viticultor riojano Álvaro Palacios. :: Justo Rodriguez/
El viticultor riojano Álvaro Palacios. :: Justo Rodriguez

Firma los vinos españoles más cotizados del mundo y reclama que se reconozcan los mejores parajes Álvaro Palacios Viticultor

GUILLERMO ELEJABEITIA

Quiso ser figura del toreo pero su padre le empujó a seguir la tradición familiar y hoy Álvaro Palacios es uno de los viticultores más prestigiosos del mundo. Puso en el mapa Priorat y El Bierzo con caldos míticos como La Ermita o La Faraona y es capaz de vender en primicia cosechas íntegras a precios estratosféricos, pero este riojano de Alfaro sigue teniendo los pies en el suelo. Él dedica su vida a hacer «vino bueno de viña buena, ¡qué terror ni que cojones!».

-En el vino, ¿pasa como con los perfumes, que a veces importa más el nombre que lo que hay en el interior?

-En cierta medida es así. Y resulta muy difícil, porque creo que es el producto más atomizado que existe. Entre tantas referencias conseguir una marca personal tiene un valor incalculable para pequeñas empresas, aunque hoy es todo tan efímero que hay que refrescarla cada día.

-¿Se puede alcanzar ese clímax tomando un vino de 10 euros?

-Creo que es más difícil, pero todo puede ser, pero en general no es común.

-¿Eso no es un poco desalentador para quien no puede gastarse mucho?

-Sí, porque el vino tendría que ser mucho más sencillo, el lenguaje más claro y el negocio más como era antes. Pero la realidad es que cuanto más barato más posibilidades de que proceda de viticultura intensiva, de viña emparrada, vendimiado a máquina... y eso es todo lo contrario a ese trozo de viña tocado por un don divino inexplicable.

-Para distinguir a unos de otros defiende una categorización más allá de lo regional y reconozca pueblos y parajes. ¿Responde a una estrategia de marketing o a un esfuerzo por reflejar mejor la realidad del vino?

-Un poco de ambas. Primero se trata de respetar el origen del vino y esa toponimia que nuestros antepasados utilizaban, pero también de darle una garantía al comprador. Nos empeñamos en hacer marcas como la Coca-Cola, pero en el mundo del vino aparte de cuatro grandes somos todos pequeños productores, ¿por qué no vamos a poder presumir de nuestras viñas? Creas algo culturalmente más complejo, más interesante y más real y eso en marketing lo es todo, el comprador de vinos especiales exige esta información.

-Pero ¿es útil sólo para vender vinos caros?

-También, pero lo importante es adaptarnos a unas categorías que ya están contempladas en Bruselas y que son de uso común en el mercado internacional. Son peldaños de calidad que España merece subir ya ¿por qué vamos a conformarnos con hacer solo vino regional? El vino regional es el gran motor de la industria, pero los que queremos hacer cosas más exquisitas tenemos que tener el amparo de la administración para ganar credibilidad en el exterior.

-Quizá por eso tampoco le gusta que a su tierra le llamen La Rioja Baja...

-No me ha gustado nunca, es una carga histórica que tiene connotaciones peyorativas en el mercado. Poco a poco nos vamos acostumbrando a llamarle Rioja Oriental. Hay quien ha dicho que en EEUU se puede confundir con vino asiático. ¿Qué quiere que le diga?

-En China también quieren hacer vinos de lujo, ¿qué le parecen?

-Eso de que hoy se hace buen vino en todos los sitios es un tópico que yo no me trago. Ahora hay una inversión muy fuerte del grupo LVMH para hacer vino a 280 dólares la botella en las laderas de Shangri-La. Yo lo he catado y ese cabernet sauvignon fino, fino, no es. De momento es una réplica hecha en China, que no tiene el misterio, la belleza y la magia que tiene que tener un gran vino.