Fernando Mora, en un momento de la jornada Imaginext. / Juan Marín

«El productor que no mire a la ecología se está dando un tiro en el pie»

El 'máster of wine' y pequeño bodeguero en Valdejalón considera que la sostenibilidad es «una oportunidad», aunque no solo implica respeto al viñedo sino «compromiso social con el pago por la uva y con no vender a cualquier precio»

Alberto Gil
ALBERTO GIL Logroño

Una visita al Museo de la Cultura del Vino de Vivanco (Briones) supuso un antes y un después para Fernando Mora. Ingeniero dedicado a la industria eólica, comenzó a estudiar para 'máster of wine', incluso a elaborar vino en su casa, y unos años después fundó una bodega, Frontonio, en Alpartir (Valdejalón), con un socio, viticultor y enólogo local, Mario López. En Aragón desarrolla un proyecto absolutamente sostenible, en una zona vitícola histórica donde encontró viejos viñedos y una variedad local, la garnacha. «En Vivanco descubrí cómo el vino se había cantado, esculpido, pintando y cómo había inspirado el arte y el pensamiento durante milenios..., aquello cambió mi vida», contextualiza. Fernando Mora, uno de los escasos 'máster of wine' españoles, protagonizó este miércoles la sesión inaugural de Imaginext, con una ponencia sobre la sostenibilidad, un concepto muy amplio que va más allá del compromiso con la ecología.

– ¿Qué significa sostenibilidad?

– El consumidor suele pensar en vino ecológico cuando oye esta palabra, pero, para mí, tiene un aspecto incluso más importante como es el compromiso social. El agricultor ha estado, quizás no tanto en Rioja, en una posición de desventaja histórica en España. Nunca ha tenido el control de los precios de sus uvas y se le ha pagado en muchos casos a precios de risa, ni para cubrir costes. El principal problema del campo que tenemos hoy en día es que no hay gente para trabajarlo y eso es porque no contamos aún un modelo sostenible ni de agricultura ni de viticultura, como sucede también con otros oficios no necesariamente agrarios. Pero estoy convencido de que dentro de 15 años la situación diferente.

– Para eso habrá que vender mejor, en general, nuestros vinos. ¿Es un desafío posible?

– Sí. Estamos ahora mismo ante un cambio de paradigma. Eso sí, en el mundo del vino, hay que separar la producción más industrial de la del artesano, pero estoy convencido de que el vino de gama alta, pero también el de gama inferior, van a subir de precio en España. Un negocio sostenible consiste en no ahogar a tus proveedores, en pagar a tus trabajadores y eso significa no vender a cualquier precio. Eso es pan para hoy y hambre para mañana. Creo que en España estamos ahora en el buen camino, pero es clave que todo esto llegue al viticultor y pensar también en qué suelos y qué viñedos queremos dejar a nuestros hijos y nietos.

«El museo Vivanco cambió mi vida al descubrir cómo el vino había inspirado el arte durante milenios»

– ¿Debe el sector del vino español pensar en producir menos y de más calidad?

– No necesariamente. España es capaz de producir calidad y a buen precio. Lo que pasa es que hay que hacer la cuenta al revés: en lugar de pensar solo en costes y en pagar todo y con lo que resta la uva, hay que pensar primero en la uva y luego en el resto. Si el agricultor sigue perdiendo dinero seguiremos arrancando las viñas más viejas y perdiendo conocimiento histórico. Hay que pensar en el vino de una manera transversal y eso se puede hacer a nivel micro, en cada bodega, pero también tienen que implicarse las administraciones. A mi juicio, tendría que haber en España una manera de saber cuándo un vino lo elabora un propietario de viñedo o un negociant. Con todo el respeto, porque es igualmente respetable, pero no es lo mismo. Como decía, sostenibilidad es un concepto amplio y también enoturismo cuando un viñedo forma parte de un entorno, de un contexto histórico y cultural de un pueblo. Hay que entender ese entorno.

«Hay que dejar de pensar solo en los costes y que el último de todo ellos sea pagar la uva»

– ¿Vamos a ver una revolución del vino ecológico en los próximos años?

– El mercado es grande y hay muchos segmentos, pero en un país como España, con la salvedad quizá de Galicia por sus condiciones de humedad, es fundamental esta apuesta. Es mucho más difícil, por ejemplo, en Borgoña. El productor de vino que no mire a la ecología, aunque sea planteándose por qué no la practica y qué costes le supondrían implantarla, se está pegando un tiro en el pie. Hay que pensar en los clientes y la demanda está ahí y será cada vez mayor, como de botellas cada vez menos pesadas y de reducción de huella de carbono.

– ¿Es optimista con lo que está sucediendo ahora mismo en el sector del vino en España?

– Mucho. Estamos en un momento precioso de revolución vitivinícola. Afortunadamente, ya no importan tanto las variedades foráneas y algunos estamos trabajando con las uvas locales, en viñedos difíciles, defendiendo el territorio y al mismo tiempo la marca España. Rioja es Rioja, pero también se está demostrando que se pueden hacer grandes vinos en otras zonas, hasta hace no mucho incluso semiabandonadas y eso es muy importante.

«Estamos ahora mismo en un momento precioso de revolución vitivinícola en España»

– Volviendo a la sostenibilidad. ¿Cree que es una oportunidad?

– Debería serlo si hacemos las cosas bien. Estamos en un buen momento, se están recuperando zonas olvidadas, viñedos difíciles, de montaña... Cuando un viticultor arranca una viña vieja lo hace porque no tiene remedio y le duele más que a nadie porque la plantó su padre o su abuelo. En mi caso, si tenemos viñas viejas en Frontonio es porque alguien las plantó y las cuidó y nosotros tenemos que plantar para futuras generaciones. En Alpartir decidimos trabajar con gente del pueblo y yo, de hecho, vivo allí. Creemos en esa sostenibilidad. Aragón no es Rioja ni tempranillo, por lo que es más difícil, pero posible. Nosotros estamos ahora al 20% de lo que queremos hacer y el camino que queda es muy bonito.