Vino la revolución

Vino la revolución
Sonia Tercero

Equipos enológicos y de campo femeninos, bodegas matriarcales, nuevas 'vignerones'... la mujer empieza a asumir las riendas

ALBERTO GIL

Lo mejor de este reportaje es que hace no demasiado tiempo hubiera costado encontrar testimonios para ilustrar el papel de la mujer en el mundo del vino. Sin embargo, ya no extraña ver a una mujer mover barricas, cultivar la viña, elaborar y vender sus vinos, dirigir el departamento enológico, visitar ferias... y, aunque sigue habiendo una brecha clara de género en los puestos directivos -por ejemplo únicamente hay tres mujeres de treinta y dos vocales en el Consejo Regulador y ninguna entre los dieciséis del sector productor-, la incorporación de la mujer a todos los procesos del vino ha supuesto una auténtica revolución silenciosa.

Sin ruido pero con muchas nueces, la incorporación de la mujer al mundo del vino pone en dos décadas patas arriba uno de los sectores económicos más tradicionales y prejuiciosos

Brindis en la nave de barricas.
Brindis en la nave de barricas. / Sonia Tercero

Simplemente puede echar un vistazo al refranero popular ('mujer y vino') para ver cuál ha sido el papel histórico de la mujer en el campo y en la bodega. Obviando las múltiples groserías, ha pasado de acompañante y proveedora de las vituallas a maridos, hermanos y cuñados a firmar algunos de los mejores vinos del mundo: sin ir más lejos, María Vargas (directora técnica de Marqués de Murrieta) obtuvo el primer 'cien Parker' para un blanco de Rioja y el Imperial 2004 de María Larrea (CVNE) ha sido hasta hoy el único vino español elegido mejor del mundo por Wine Spectator: «Cuando se logra una distinción así no es sólo por un vino, sino también por el reconocimiento a la trayectoria de la bodega o una marca», explica María Larrea. «Estamos más mujeres en el sector del vino -continúa-, con más responsabilidad y eso es lo más importante».

El 'matriarcado' de Bohedal. Blanca, Fe y Leire, las tres generaciones femeninas y gestoras de Bodegas Bohedal.
El 'matriarcado' de Bohedal. Blanca, Fe y Leire, las tres generaciones femeninas y gestoras de Bodegas Bohedal. / L. R.

CVNE es una casa histórica, una bodega centenaria y a priori tradicional, pero en su departamento enológico -incluido Viña Real- trabajan exclusivamente mujeres, seis, encabezadas por la propia Larrea, pero es que en el campo sucede lo mismo. Irene Bonilla lidera otro equipo con otras tres mujeres. «Es más casualidad que otra cosa -asegura Larrea-; me llegan currículos, especialmente para vendimias, y el 80% son mujeres, así que el verdadero cambio está en las universidades». «Nosotros -continúa- no miramos el sexo para contratar, ni discriminación positiva ni tampoco negativa; es decir, si necesitamos alguien en bodega, que es un trabajo más físico en principio, puede hacerlo una chica perfectamente». La directora técnica de CVNE cree que todo ha cambiado y para bien: «Llevo veintimuchos años en la casa y cuando empecé sí era una 'rareza' ver una mujer en bodega... De hecho, te enviaban al laboratorio, con una bata blanca a las órdenes del enólogo jefe, que siempre era hombre». «Ahora ha cambiado el papel femenino, pero como también ha cambiado mucho el rol y las funciones del enólogo».

Eva de Benito, María Larrea, Ana San Juan, Amaya Gracia, Laura Ruiz y Estíbaliz Torres, el equipo enológico de CVNE.
Eva de Benito, María Larrea, Ana San Juan, Amaya Gracia, Laura Ruiz y Estíbaliz Torres, el equipo enológico de CVNE. / L.R.

«Las mujeres no tenemos una sensibilidad especial; es más necesidad que virtud» Marta Berga, enóloga

Cooperativa de 'mujeres'

Bodegas Aradón es la cooperativa de Alcanadre. Enraizada en el mundo rural, cuenta con cinco o seis socias que son agricultoras a título principal. Adelfa, exalcaldesa, es secretaria de la junta rectora y una de las voces más respetadas en las asambleas. Pero, además, la gerencia, la dirección comercial y la técnica son responsabilidad de mujeres: «Somos mayoría absoluta, cinco por cuatro hombres en la bodega, aunque en vendimias igual subimos a diez mujeres y ganamos por goleada», bromea Maite Sánchez, gerente de la cooperativa. «Sí -responde tajante-, el mundo del vino cuando yo empecé era absolutamente de hombres, aunque Aradón, curiosamente, ha estado históricamente dirigida por mujeres».

En este sentido, Maite Sánchez entró en la casa en el año 1999 -«voy a por la veintiuna vendimia», apostilla- y lo hizo como financiera a las órdenes de otra mujer: «En esta bodega siempre me han tratado bien, como una más, desde los socios a nivel particular hasta la junta rectora; ahora bien, sí que te diría que personalmente prefiero trabajar con mujeres, ya que somos más ordenadas, más concienzudas, y prefiero también negociar con hombres...»

- Eso..., ¿qué significa?

- [breve silencio y risas]... Creo que las mujeres somos más duras negociando.

Cristina Alesanco es la directora técnica de Bodegas Aradón. Llegó en el año 2009 y, junto con Maite, hizo una gran apuesta de selección de viñedos y parcelas, de catalogación de suelos, que se ha traducido en una fuerte inversión y en el lanzamiento de una nueva colección de vinos parcelarios: «Es cierto que al principio, cuando empezamos a seleccionar las uvas y marcar los días de vendimia, me miraban como las vacas miran al tren», confiesa la enóloga, pero «la verdad es que la gente entendió la apuesta que estábamos haciendo».

Maite Sánchez confirma que el papel de Cristina -mujer, joven y explicando a agricultores de toda la vida cómo tenían que cultivar- fue el más difícil: «Los socios confían ciegamente en ella porque ha demostrado ser una gran profesional y conoce mejor que nadie cada suelo, cada parcela, incluso cada viñedo y cada persona».

En primer término Mari Carmen y detrás Adelfa, Maite, Yolanda, Ángela, Cristina, Juliana, Raquel y Cristina sobre el tractor, mujeres de bodegas Aradón. ::
En primer término Mari Carmen y detrás Adelfa, Maite, Yolanda, Ángela, Cristina, Juliana, Raquel y Cristina sobre el tractor, mujeres de bodegas Aradón. :: / Sonia Tercero

El 'matriarcado'

Bohedal (Cuzcurrita) es también una bodega singular, un «matriarcado» como la define Leire Tejada, la nueva generación de esta casa familiar. Último premio Best of del Turismo Vitivinícola por su excepcional trabajo con el enoturismo, una de sus actividades más conocidas y valoradas es una cata generacional de mujeres: «Mi abuela, mi madre y yo hemos vivido momentos diferentes; el papel de la mujer en el mundo del vino no tiene nada que ver para cada generación y quisimos expresarlo en una actividad, en una cata, para que la gente conozca esta historia, esta evolución de Rioja y de la bodega familiar», explica Leire.

Bohedal ha organizado de hecho para el próximo fin de semana, poe el Día de la Mujer, la cata 'Bohedal Blume', en la que Fe (abuela), Blanca (madre) y Leire (hija) repasan el papel femenino a través de la historia de Rioja -el 5% de la recaudación la donan además a una causa social-: «El papel de mi abuela, desde que se casó, fue acompañar a su marido en el campo y en bodega y llevar la comida para la familia», recuerda su nieta. «Ahora bien -continúa-, llegó un momento en que fue mi abuela la que fundó la bodega y la que luego puso a mi madre en la gerencia».

Leire lleva desde el año 2002 en la bodega y las cosas han cambiado mucho: «Cuando empecé en las ferias, me solía acompañar mi novio y, aunque no se dedica al vino, siempre se dirigían a él...., aunque si lo pienso bien, me sigue pasando», ríe. Leire dirige la exportación y el enoturismo de Bodegas Bohedal, pero también mueve barricas y maneja la 'Fenwick' con más que soltura: «Esto es una empresa familiar y aquí hacemos todos de todo... Mi padre está en el campo y ayuda en bodega, de la misma forma que mi madre y yo vamos al campo cuando es necesario». «De más jovencita -explica- tuve mis más y mis menos con varios camioneros que decían que cómo iba a subir las cajas una chica, ¡con buena han topado!..., incluso ahora me pasa todavía con algún transportista de Europa del Este, y al último le tuve que amenazar con llamar a su jefe...». La bodeguera insiste en que «se ha avanzado mucho», pero todavía queda: «Faltan mujeres en puestos directivos; estamos en los laboratorios, en la enología, pero en muy pocas en direcciones comerciales y gerencias, y lo mismo sucede con el enoturismo: enseñamos las bodegas, pero apenas si hay directoras de marketing».

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