Fernando Martínez de Toda. / DÍAZ URIEL

«Rioja trabaja en dos divisiones y la clave es garantizar la convivencia de ambos modelos de viticultura»

Martínez de Toda defiende el cultivo en vaso pero aclara que una vendimia mecánica bien organizada tiene sentido

Alberto Gil
ALBERTO GIL Logroño

Dice el refrán que «por el Pilar todos a vendimiar», pero la realidad en este siglo XXI supera a la sabiduría popular, primero por el cambio climático con el adelanto de cosechas, pero también por la pérdida del sentido y del sentimiento familiar de la vendimia. Fernando Martínez de Toda es catedrático de Viticultura de la Universidad de La Rioja (UR) y asegura no verse sorprendido por el crecimiento de la vendimia mecánica: «Rioja, como la mayoría viticulturas del mundo, trabaja en dos divisiones, una viticultura industrial, que está condicionada por los precios de la uva y se ve obligada a reducir costes, y otra de altísima calidad, de viejos viñedos en vaso y seleccionados a mano». «Lo interesante sería que se garantice la convivencia de los dos modelos –continúa– y no que el primero acabe devorando al segundo, pero incluso pensaba que con el COVID había más mecanización».

– ¿Qué aporta la vendimia mecánica?

– Mucho. Las principales ventajas son los costes, más baratos, y también la capacidad de organización porque hoy en día el viticultor lo cierto es que lo tiene muy difícil con las exigencias de contratación e incluso con la escasa disponibilidad garantizada de mano de obra.

«El tipo de viticultura la fija el precio que voy a recibir por mis uvas y por eso es muy importante que Rioja los distinga»

– ¿Hablamos de menos calidad y de menor selección de la uva?

– En parte sí. Está claro que para una viticultura de alta calidad, de terroir, de paisaje, de viejos viñedos..., la mecanización no sirve. Hay determinados vinos que solo pueden vendimiarse a mano, en cajitas, y está claro que necesitan una viticultura concienzuda, de mimo, pero también vemos casos de remolques cortados a mano que están horas al sol esperando su turno para entrar a la bodega o a la cooperativa. Si en la vendimia mecánica se organiza bien el traslado a bodega, puede ser incluso mejor para la calidad que en estos casos que comentaba.

– ¿Por qué decía que lo tiene tan difícil el viticultor?

– En primer lugar, no es fácil encontrar mano de obra y, sobre todo, las exigencias de alojamiento, de control de los trabajadores son las mismas para una pequeña explotación familiar que para una gran bodega. Tampoco los precios que se pagan por las uvas se diferencian lo suficiente, lo que hace que el viticultor se vea obligado a reducir costes. La viticultura la fija el precio que voy a recibir por las uvas, por mi trabajo, y por eso es muy importante que Rioja valore y distinga estas producciones tradicionales en vaso y los viejos viñedos.

– Como técnico, ¿prefiere vaso o espaldera?

– Personalmente prefiero el cultivo tradicional en vaso, creo que es más eficaz desde el punto de vista de la calidad. Para mí, quien ponga una espaldera debería aprovechar para vendimiar a máquina, ya que, si no es así, los costes y el trabajo, tanto de instalación como de mantenimiento, son mayores. Es decir, no tiene sentido tener una espaldera y vendimiar a mano, aunque sé que hay viticultores que lo hacen y la tienen por si acaso, lo que les permite adaptarse a situaciones como el COVID o tener capacidad de reacción ante emergencias por lluvias por ejemplo.