Rioja, vista desde la margen izquierda

Abel Mendoza (San Vicente), Arturo de Miguel (Baños de Ebro), David Sampedro y José Antonio Meruelo (Elvillar de Álava), Juan Luis Cañas (Villabuena), Pablo Eguzkiza y Roberto Oliván (Lanciego). :: G. M./
Abel Mendoza (San Vicente), Arturo de Miguel (Baños de Ebro), David Sampedro y José Antonio Meruelo (Elvillar de Álava), Juan Luis Cañas (Villabuena), Pablo Eguzkiza y Roberto Oliván (Lanciego). :: G. M.

Bodegas alavesas apuestan por una diferenciación vitícola real, pero también más allá del 'nombre' | La preocupación por el territorio, por la sostenibilidad de los pueblos, demanda otro tipo de viticultura

Alberto Gil
ALBERTO GILLogroño

Expectación, incluso más allá del ámbito local, generó la mesa redonda organizada por el Ayuntamiento de Lanciego y las bodegas de la localidad el pasado sábado: 'Diferentes puntos de vista de Rioja Alavesa-Sonsierra'. Allí se dieron cita vecinos, viticultores, bodegueros y profesionales con un cartel que cubría varios modelos de negocio. Se habló de Rioja, de la DOCa, se criticó el modelo actual pero también se dialogó sobre la comarca, sobre el compromiso con los municipios, con su despoblación, y se apostó por una especie de 'desconstrucción' del Rioja actual para volver al pasado con la viticultura y el compromiso con el medio. Pese a que las aguas por momentos bajan tormentosas por Rioja Alavesa, no se habló de ruptura, pero sí de la necesidad de otro modelo: «A dónde voy; Rioja la hicieron nuestros abuelos y padres doblando la espalda; no quiero irme de mi casa cuando tú mismo puedes optar por ser tu 'propia' denominación de origen», sentenció el bodeguero local Roberto Oliván (Tentenublo).

El modelo actual. La mesa coincidió en cuestionar la dirección que ha tomado la DOCa en los últimos años. «Necesitamos un giro social, pasar de la industrialización al compromiso con la tierra. Hemos dado el 'pescado' a los viticultores pero no la caña y la revolución vendrá cuando en lugar de 600 bodegas Rioja tenga 6.000», reflexionó Abel Mendoza, viticultor de San Vicente (La Rioja), en representación de la Sonsierra. «El pliego de condiciones de Rioja», apostilló Juan Luis Cañas (Familia Luis Cañas), «establece un rendimiento del 70% pero en los últimos años lo estamos disparando y, como resultado, tenemos una cosecha del año pasado». «Es una política fatal, que no crea riqueza ni territorio». Ahora bien, también se habló de honestidad..., y para todo el mundo: «En Rioja casi nadie dice la verdad y muchos juegan con dos barajas», sostuvo Roberto Oliván. «El problema es que nadie se conforma: tienes algo bueno y quieres más; se debería poder vivir con 5 o 6 hectáreas, pero todo es poco».

Los precios de la uva y la tierra. Pablo Eguzkiza, bodeguero local (Lanzaga), fue rotundo: «El Rioja 'low cost' es un desastre y no hace prestigio». Jose Antonio Meruelo, de Elvillar de Álava (Lar de Paula y Heredad de Baroja) dejó claro que su bodega es diferente a las del resto de compañeros de mesa, pero que también sufre: «Compramos uvas, pero no ponemos los precios». «Nuestro problema, como bodega mediana, es que en el mercado se venden Riojas muy baratos que nos ponen un techo en el mercado». La reciente entrada de Mauro y de otras bodegas en Rioja Alavesa, con compras sobre 120.000 euros la hectárea provocó también debate: «Cuanto más valga la tierra, como en Borgoña, mayor patrimonio tendrán los agricultores», sostuvo Pablo Eguzkiza, aunque no fue una afirmación compartida. «Esos precios hacen imposible rentabilizar una inversión de una hectárea», apostilló Roberto Oliván. «Los jóvenes tienen cada día más difícil el acceso a la tierra y la administración debería verlo porque son los viticultores pequeños los que hacen población», apoyó Abel Mendoza.

La diferenciación. Aunque críticos prácticamente todos con la nueva categoría de vinos de viñedos singulares de Rioja, el compromiso de los pueblos con el territorio sí es compartido por el conjunto de la mesa: «Hay que innovar y eso significa hacer vinos como se hacían antes y apostar por los municipios», explicó David Sampedro (Bodegas Bhilar,de la vecina Elvillar). «No hace muchos años, los vinos se distinguían de cada pueblo; no estamos inventando nada nuevo, pero hay que volver hacia atrás para hacer las cosas de otra forma y, por supuesto, con sostenibilidad por compromiso porque tenemos una obligación moral con nuestros hijos».

¿Y cómo diferenciarse? Juan Luis Cañas avanzó un plan en el que ya se encuentra trabajando con otras bodegas: «Por la viticultura y la sostenibilidad; necesitamos diferenciar Rioja Alavesa, pero también diferenciar dentro de Rioja Alavesa y en este sentido estamos ya trabajando con un 'club de excelencia'». Punto en común para el resto de la mesa: otra viticultura es posible, y necesaria. «Debemos ser atrevidos; nosotros hemos pasado de 26 hectáreas en cultivo tradicional, con herbicidas y sistémicos, a viticultura ecológica y, efectivamente, el cambio debe venir por la viticultura, pero también por la honestidad: todos sabemos cuáles son nuestros viñedos buenos y cuáles no lo son tanto», explicó Arturo De Miguel (Artuke).

Formación y verdad. Arturo De Miguel lanzó además un mensaje optimista: «Hay más gente que nunca haciendo buenos vinos; en mi caso mis padres vendían graneles hasta 1991 y veinte años después legamos mi hermano y yo, con formación, y hemos dado la vuelta a la bodega». «De las crisis, como este año con los precios de la uva, salen oportunidades y quizá sea el momento para que en Lanciego, y en muchos pueblos, salga más gente haciendo vino». Juan Luis Cañas pidió incluso ayuda a las administraciones: «Tenemos que formar no sólo a viticultores y bodegas, sino a la hostelería..., Rioja Alavesa necesita un centro formativo integral».

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