Jesús Velilla, Begoña Royo y Etienne Cordonnier. / L. R.

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El Sacramento: una alianza que traspasa fronteras

Etienne Cordonnier y Jesús Velilla construyen en Laguardia un proyecto inspirado en la finura y en la tradición bordelesa

Alberto Gil
ALBERTO GIL Logroño

En la carretera de Laguardia a Elciego, sobre una pequeña meseta y con un extraordinario ejercicio arquitectónico de integración, la alianza entre el viticultor de Lapuebla, Jesús Velilla, y el empresario vitivinícola belga-francés Etienne Cordonnier, fructificó en Viñas Leizaola (El Sacramento).

La bodega, que trabaja con 20 hectáreas de viñedo en Laguardia de las que únicamente vinifica 100.000 botellas anuales, sigue a rajatabla el carácter de su fundador y el de sus propios vinos: discreta, hecha de materiales nobles, elegante, clásica... Así es también Etienne Cordonnier, ligado familiarmente a la distribución de grandes vinos en Bélgica y a la elaboración en dos chateux bordeleses y con un ilustre pasado vasco –su abuelo fue Jesús María Leizaola, lehendakari en el exilio–, que es el que, en el año 2011, le llevó hasta Rioja Alavesa: «La 11 fue nuestra primera añada, entonces con un único vino, El Sacramento, al que ya hemos sumado un segundo tinto, Caminos del Sacramento, y un blanco, Paloma del Sacramento», explica.

  • El Sacramento Tempranilllo y graciano de la finca de 4,5 hectáreas que rodea la bodega y otras de Laguardia.

  • Caminos del Sacramento Tempranillo y graciano de los viñedos que no entran en el primero vino.

  • Paloma de Sacramento Viura, malvasía y garnacha blanca, con porcentajes que varía cada año.

Un modelo bordelés en este pequeño château de Laguardia, construido sobre las 4,5 hectáreas de la viña El Sacramento, que nutren en gran parte al vino principal, junto con otros viñedos cercanos, que también abastecen a la segunda referencia, Caminos: «Nuestros vinos reflejan el 'terroir' de estos pequeños viñedos de Rioja Alavesa, pero creemos también en el arte del ensamblaje, en esta cultura bordelesa de mezclar parcelas distintas cada año y variedades para obtener un conjunto elegante y equilibrado al máximo».

Así es El Sacramento, un tempranillo de viejos viñedos, con aportes de graciano: «Trabajamos con las viñas más antiguas para El Sacramento porque son necesarias cuando quieres elaborar un vino tan complejo», indica el bodeguero. Es ahí donde interviene Jesús Velilla, el viticultor de Lapuebla: «El viñedo viejo es un plus, aunque tampoco lo es todo. Como viticultor me importa sobre todo el suelo, la orientación y especialmente los clones, que sean anteriores a la 'industrialización' de los años ochenta del siglo pasado».

Velilla trabaja sobre todo con tempranillo, también graciano –«la mejor variedad de largo recorrido»– y ha plantado maturana tinta y garnacha (tinta y blanca) con material clonal propio (antiguo) y seleccionado. Velilla utiliza también abono exclusivamente orgánico y cubiertas vegetales, con rendimientos máximos de 4.000 kilos por hectárea: «A los viticultores de toda la vida nos cuesta empezar por ahí porque supone un cambio cultural..., pero los resultados en los vinos son extraordinarios».

Viñas Leizaola tiene ahora mismo en el mercado El Sacramento 2016, Caminos 2019 y Paloma 2020. Ya lograron un gran vino con aquel primer Sacramento de la añada 2011, pero la inauguración de las actuales instalaciones, con pequeños depósitos de hormigón y de inoxidable y tinas de madera para cada parcela supuso un punto de inflexión.

Los vinos

El Sacramento 2016 es de una elegancia y frescura 'señorial'. A juicio del cronista, por encima del más concentrado y mediterráneo de 2015: «Embotellamos 'terroir' y eso significa también añada», detalla Cordonnier. «Dentro de la finca de 4,5 hectáreas –continúa– utilizamos varias parcelas para nuestro vino principal, y no todos los años las mismas, para garantizar la elegancia del vino, pero siempre es un placer que cambie de carácter cosecha a cosecha».

Algo parecido sucede con Caminos 2018 y 2019, más fresco y fácil el primero, pero más consistente el segundo. Un precioso ejercicio de cata, completado con el blanco, Paloma (viura, malvasía y garnacha blanca), afinado en huevos hormigón y, como sus hermanos tintos, elegante y delicado. Viñas Leizaola es una alianza entre el saber hacer de la viticultura de Velilla y el savoir faire de Cordonnier, una alianza que traspasa fronteras y, de hecho, el 80% de sus vinos se venden en el exterior.