Eduardo Hernáiz. / L. R.

«El sistema interprofesional está viciado y ha puesto la DOCa Rioja a merced del negocio del volumen»

Hernáiz insiste en que «la baja rentabilidad del modelo y la brutal burocracia están cerrando bodegas»

Alberto Gil
ALBERTO GIL Logroño

Eduardo Hernáiz, presidente de Bodegas Familiares de Rioja, dispara a la línea de flotación del sistema interprofesional que gestiona el vino de Rioja: «Es injusto que un grupo de 60 bodegas, muchas con intereses aquí y también en otras zonas vitícolas, decida todo cuando cientos de pequeñas y medianas lo pasan mal e incluso cierran por un modelo que está a merced de los intereses del negocio del volumen».

– ¿Cree necesario revisar los estatutos de la Interprofesional?

– Lo que creemos es que habría que revisar a fondo el sistema. La Interprofesional se creó en Rioja en el año 2003 y se pensaba que iba a ser adaptada por todas las DOP vínicas del país, pero no ha sido así. Sí lo hizo Valdepeñas que precisamente ahora mismo está intervenida y con investigaciones por supuesto fraude. Nosotros creemos que la representación debería ser mixta entre económica y social, mucho más equilibrada.

«Volveremos a crecer en número de apoyos pero tendremos menos representación porque Rioja se sigue concentrando»

– ¿A qué se refiere?

– Tenemos un sistema de representación basado en el volumen de litros, y además viciado, en el que algunas bodegas presionan a parte del sector productor porque les compran la uva y el vino. No existe la paridad real de la que se presume y la pequeña bodega, que en nuestro caso logramos agrupar a 150 en el proceso del 2017, solo supone 8 de los 200 votos. Ahora volveremos a crecer en número de apoyos pero perderemos representación porque Rioja se sigue concentrando y lo mismo sucede en la viticultura, donde para ser rentables, las explotaciones son cada vez más grandes.

– Denunciaron hace poco la desaparición de 53 bodegas y de 3.000 viticultores en una década.

– Así es. Y se nos tachó de populistas y de hacer daño a Rioja. Nosotros queremos más que nadie a esta tierra y tenemos todos los huevos en la misma cesta, en nuestros pueblos. Nadie sobra en la DOCa, pero no se puede excluir a un modelo de negocio mayoritario en bodegas como el nuestro por una representación injusta. En el actual proceso de acreditación diez pequeñas bodegas que nos dieron el voto en 2017 no nos lo ha podido dar ahora porque han cerrado o las han comprado.

– ¿A qué se deben los cierres?

– Sobre todo a la burocracia y a la pérdida de rentabilidad. El Consejo Regulador, la inspección laboral, los ministerios de Agricultura y Hacienda, la Consejería... La burocracia es brutal e igual para grandes compañías que para un cosechero. El Nimbus ha sido un fracaso y un quebradero de cabeza continuo y ahora tenemos auditorías del Consejo en las que nos tratan como si los fallos fueran responsabilidad nuestra.

– Han criticado también el reparto de ayudas públicas.

– No puede ser que lleguen a La Rioja 5,1 millones del plan de ayuda por el COVID-19 y la mitad sea para sólo cuatro compañías porque pueden almacenar mucho vino, sin tener en cuenta quién sufre en realidad la crisis del cierre hostelero. Esas ayudas se vuelven incluso competencia desleal porque permiten poner en el mercado vino a precios muy baratos.

– ¿Un problema de Rioja?

– El principal problema. Vemos precios en lineales más baratos que otras DOP que históricamente estaban por debajo. El crianza tiene un 'tope' por ser Rioja y hay por ahí vinos de reserva que no merecen la contraetiqueta.

– ¿Qué hacen en el Consejo?

– Lo que nos dejan. Con el segundo vocal del 2017 pudimos presidir la comisión estratégica. Desde el 2001 veníamos pidiendo una nueva categorización de vinos y quince años después llegaron los viñedos singulares y de pueblo, aun con sus defectos, pero como opción de diferenciación. Regulamos el 'stock' cualitativo que, pese a ser mejorable, es muy positivo como seguro ante desgracias y para mejorar vinos en las bodegas, y ahora hemos promovido el Plan Estratégico que, por primera vez, habla más de crecer en valor que en volumen, de proteger el viñedo viejo y de aptitud de suelos para plantar.

– Por cierto, ¿qué opina de las nuevas plantaciones que están, acordadas pero pendientes?

– Nosotros no acordamos nada. Están muy bien en el cajón, no hasta que se recuperen las ventas en volumen, sino hasta que se alcance la mejora de valor que dice el Plan Estratégico.