Casi un tercio de Rioja ya ha cambiado a una región climática cálida en los últimos 30 años

Casi un tercio de Rioja ya ha cambiado a una región climática cálida en los últimos 30 años

La UR presenta el primer gran estudio local sobre cambio climático, que confirma subidas de la temperatura media de hasta 1,6 grados

Alberto Gil
ALBERTO GILLogroño

La mayor parte del territorio de la DOCa Rioja ya ha cambiado de región climática hacia un escenario más cálido en los últimos treinta años -de hecho un tercio aproximadamente ya puede considerarse como 'cálido'-. Es una de las conclusiones del mayor estudio sobre cambio climático a nivel local realizado hasta hoy y que firma Mari Paz Diago como coordinadora, junto con un grupo de investigadores de la Universidad de La Rioja (UR). Había hasta ahora proyecciones y mediciones históricas de datos con Agoncillo como estación principal, pero el nuevo estudio incorpora 136 puntos testigo que barren el conjunto de la superficie de la DOCa.

La investigación, presentada ayer en Logroño, analiza lo que ha sucedido desde 1950 hasta 2014 y las conclusiones ponen de manifiesto que el cambio climático es una realidad, no sólo una proyección a futuro: «La temperatura media ha aumentado en los últimos treinta años en la mayor parte de la DOCa entre 0,9 y 1,2 grados, con incrementos menores de 0,5 grados en las zonas más occidentales de Rioja Alta y Alavesa, pero también de 1,3 y hasta 1,6º en zonas aisladas y minoritarias [casos de Moncalvillo y el más alto Najerilla]», explicó ayer Lya Arpón Sáinz, técnico encargada de la recolección de datos.

En cuanto a las precipitaciones, los datos no son tan rotundos, por cuanto, a nivel global, no hay cambios significativos, si bien se confirma una «altísima» variabilidad internanual (sequías y tormentas) y que también la zona tradicional con valores inferiores a 200 milímetros entre los meses vegetativos (de abril a octubre) amplía su extensión desde el valle de La Rioja Oriental hasta la zona este de Rioja Alta.

Conclusiones

Mari Paz Diago dejó claro que la herramienta que se ha puesto a disposición de bodegueros y viticultores puede ser muy interesante: «Teníamos la necesidad de saber lo que ha pasado a nivel local porque no es posible establecer conclusiones con estudios globales, sino que hay que bajar al escenario más cercano y, a partir de ahora, vamos a poder hacerlo».

En este sentido, lo que eran sospechas y mediciones más o menos parciales, ya son una realidad, con un claro aumento de la temperatura y un 'desorden' de precipitaciones que, si bien no alteran las cifras anuales, sí modifican las estaciones con «pocos cambios en primavera y verano, pero sí en otoño e invierno, que son más secos en buena parte del territorio», aclaró Lya Arpón.

Los investigadores todavía trabajan en la interpretación de los datos y, en este sentido, Mari Paz Diago confía en que las series por década faciliten todavía más las conclusiones: «Es posible que estos fenómenos se estén acelerando y, cuando tengamos disponible la interpretación de los datos por periodos de tiempo más cortos, podremos verlo, aunque con cautela porque las series climáticas siempre necesitan intervalos de tiempo importantes». Diago animó, en todo caso, a no ser catastrofistas: «Tenemos claro que la zona 3, más cálida, que apenas era testimonial antes en Rioja, va a seguir ganando terreno, pero también somos conscientes de que podemos ir adaptándonos con prácticas vitícolas y vinícolas». «A la vista de los resultados -añadió-, existe un cambio climático, pero también hay técnicas para afrontar sus efectos».

Gonzaga Santesteban, profesor de la Universidad Pública de Navarra, incidió en que existen medidas vitícolas y enológicas paliativas ante el fenómeno y animó también a hacer una reflexión sobre lo que ha ocurrido con el cultivo en los últimos 50 años: «Hemos reestructurado las variedades en favor del tempranillo [ciclo corto y sensible al calor]; hemos cambiado las conducciones a espaldera; hemos alterado la poda; los suelos han pasado de profundos a fértiles y de superficie; y hemos cambiado de situación el viñedo bajando de media unos 30 metros. «Es decir -añadió-, hemos hecho nuestros viñedos mucho más vulnerables al cambio climático y parte de la solución está en volver hacia atrás».

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