Tim Atkin, con la joven Jade Gross y con el matrimonio Abel Mendoza y Maite Fernández. / M. V.

Tim Atkin | Master of Wine «Llevo a Rioja en mi corazón; el cambio que veo en los últimos años es increíble»

Atkin bate récords después de tres semanas 'in situ' trabajando su próximo informe 2023: «El 'león dormido' ya está despertando», sostiene

Alberto Gil
ALBERTO GIL Logroño

«Llevo a Rioja en mi corazón». Así de rotundo se muestra el master of wine británico Tim Atkin, que acaba de concluir su octavo periplo por bodegas y viñedos de Rioja para preparar su próximo monográfico, 'Rioja Report 2023'. Tres semanas de locura, con casi 1.500 vinos catados de 300 bodegas y 3.000 kilómetros recorridos. Antes de irse de vuelta a Londres, conversó amablemente con Diario LA RIOJA.

– Es usted un 'máquina'. ¿Cómo puede catar tantos vinos?

– Con mucha planificación y con la ayuda de Marisa Velilla, mi mano derecha en Rioja. Es un trabajo duro, pero me gusta muchísimo. Además, esta es una región que llevo en mi corazón.

«Muchos vinos de Rioja siguen siendo una ganga para los consumidores y eso, al mismo tiempo, es una lástima»

LOS PRECIOS

– La disciplina física, pero también mental, es extraordinaria.

– Tengo que tomar mucha agua (risas). Es duro como decía, pero amo mi trabajo. Me gusta mucho sentarme con los productores y hablar con ellos de los estilos, de la vendimia... Eso me ayuda mucho a hacer un buen informe.

– ¿Quizás nadie tiene una visión tan amplia como la suya de esta región vitícola?

– Eso no lo puedo decir yo, pero sí es una región que conozco bastante bien. Vine por primera vez en 1988 y desde el 2015 regreso todos los años para pasar tres semanas catando y viendo bodegas. Me gusta apoyar a los jóvenes que están empezando, pequeños proyectos muy interesantes sin apenas mercados fuera de España.

– Mucho ha cambiado Rioja desde 1988... ¿Ha despertado el 'león dormido', como definió en su día a esta región vitícola?

– El cambio desde 1988 ha sido increíble. Entonces no había ni rastro de todos estos pequeños productores que tenemos hoy en día y el otro gran cambio es que cada vez más hay más vinos que ponen el foco en el viñedo, en los pueblos, en los terruños o en las parcelas. Antes era mucho más importante el tiempo que pasaba el vino en barricas que el propio origen de las uvas. El 'león' está despertando y hay que seguir trabajando porque Rioja debería ser reconocida dentro de las mejores regiones del mundo, pero de momento no lo está. Detrás del estilo tradicional hay mucho más, y es lo que intento mostrar al mundo.

– ¿Habría que 'borgoñizar' Rioja un poco más?

– En Rioja hay vinos para todo el mundo. Tenemos por un lado un modelo más 'bordelés', por decirlo de algún modo, que combina viñedo, con la mezcla de uvas de subregiones, de variedades..., y que sigue dando mucha importancia al roble, pero también hay un modelo que mira más hacia Borgoña, más centrado en los terruños. Para mí, con vinos que tienen más personalidad y creo que ésa es una de las grandes aportaciones de toda esta gente joven.

– El vino, como todo, va por modas. ¿Cree que la tendencia actual ha venido para quedarse?

– En los años 90 del siglo pasado la moda venía condicionada por la gran influencia de Robert Parker y de los críticos americanos. Pedían a las bodegas vinos con más color, con más alcohol, más roble... Fue un estilo, para mí, un poco 'falso' para Rioja. Los vinos que estamos tomando ahora tienen más personalidad, salen del viñedo y no tanto de la bodega. La expresión del lugar se ve cada vez más. En Rioja hay grandes marcas que hacen muy bien lo que hacían antes de esta 'etapa Parker', sobre todo con roble americano y vinos con sabores un poco más 'dulces', entre comillas. Este estilo gusta mucho todavía, sobre todo en consumidores más mayores, pero los jóvenes se interesan por las parcelas, por el origen del vino. Hay de todo ahora mismo en Rioja y eso está muy bien en una región de más de 65.000 hectáreas, el doble que Borgoña. Es difícil decir que Rioja es un estilo u otro. Hay una extraordinaria diversidad y eso es bueno.

– En todo caso, diferentes estilos, pero ¿compatibles?

– Absolutamente. El estilo más tradicional tiene que conservarse, pero existen aún problemas a la hora de hablar de las parcelas y el viñedo porque hay muchas restricciones para los etiquetados y tenemos varios ejemplos que acaban burlando la 'norma' general porque está todo excesivamente regulado y dificultado. Es más difícil seguir este camino para un vigneron de Rioja que de Borgoña. Allí las parcelas están definidas y son marcas prácticamente. Esto es un reto para Rioja y creo que las cosas cambiarán con el tiempo. No sé por qué hay miedo a poner nombre a estas parcelas maravillosas, cuando incluso en algunos casos son históricas. Para mí esto hay que cambiarlo.

– Usted innovó con una clasificación controvertida de las mejores bodegas, que varía cada año. ¿Le caen muchos 'palos'?

– (Risas). La verdad es que la gente se lo toma demasiado en serio. Para mí es una manera de destacar quiénes están haciendo cosas más chulas cada año. La clasificación se basa en la que se hizo en Burdeos en 1855, entonces con los precios de los vinos más 'top'. Eso hoy no sería muy operativo, así que mi clasificación se basa en la calidad según mi propio criterio, lo que, soy consciente, genera controversia. Mi idea es, año a año, poner en valor a los mejores productores del territorio.

– Habitualmente usted, en su Twitter, destaca vinos «magníficos» a precios muy bajos. ¿Qué pasa con el precio de los 'Riojas'?

– Muchos vinos de Rioja siguen siendo una ganga para los consumidores y eso, al mismo tiempo, es una lástima. El precio de la uva es muy básico, unos 70 céntimos este año. En Ribera del Duero se paga tres o cuatro veces más. Sí, hay un problema de precios en Rioja. La uva no tiene el valor que debería tener y la uva buena se paga a veces lo mismo que la mala y eso hace que para el viticultor sea más rentable producir más que producir mejor.

«Los blancos de Rioja están entre los mejores del mundo»

La 'revolución' que vive Rioja con nuevas maneras e ideas no es exclusiva de los tintos. Los blancos tampoco pasan desapercibidos para Atkin.

– ¿Hay cada día mejores vinos blancos en Rioja?

– Sin duda. Los blancos de Rioja están dentro de los mejores del mundo. Lo dije en Instagram. Hubo gente que no piensa lo mismo y me replicó, pero yo lo creo de verdad. Los únicos 100 puntos que he dado a un vino en mi vida es a un blanco de López de Heredia Gran Reserva del 2001. Desde hace 15 años la evolución de los blancos de Rioja es extraordinaria, eso sí, con las variedades clásicas y la maturana. Hay una paleta tan amplia de viñedo y variedades, zonas y parcelas en Rioja, que los blancos mejoran cada año.

– ¿Y el tempranillo blanco?

– A los viticultores les gusta mucho y he probado buenos vinos, pero con el cambio climático creo que tiene sus limitaciones. No creo que sea una variedad 'top'. Veo más futuro para viura, malvasía, garnacha y maturana blanca porque conservan mejor la acidez.

– No le pregunto por las novedades. Esperaré al informe, pero ¿algún cien puntos?

– Habrá que esperar y comprar el 'report' (risas). El año pasado puse 99 puntos. Este año veremos... Eso sí, cada año los vinos en general mejoran.