Uno de los pocos grupos que han podido verse estos días en Logroño. / JUAN MARÍN

La vendimia suma un nuevo problema con dificultades para encontrar mano de obra

Los viticultores aseguran que falta gente en una atípica campaña con muchos menos temporeros

Alberto Gil
ALBERTO GIL Logroño

«Falta de mano de obra en el campo en general y, más en concreto, en esta vendimia». Así de claro se muestra Néstor Alcolea, secretario de Organización de UPA-Rioja, quien confirma lo que cualquier ciudadano de las principales poblaciones vitícolas de la región puede comprobar durante estos días en los habituales puntos de encuentro de jornaleros en busca de contrataciones: casi brillan por su ausencia.

La vendimia se encuentra ya avanzada, con 186 millones de kilos en las bodegas (aproximadamente el 40% de lo esperado) y con casi toda la denominación de origen cortando uvas al mismo tiempo: «No tengo claras las razones de por qué no han venido más temporeros, pero es la realidad», confirma Igor Fonseca, secretario general de ARAG-Asaja. Fonseca asegura que «hay nerviosismo entre los viticultores» y se pregunta si tiene algo que ver el hecho de que la vendimia no se esté desarrollando de forma escalonada como suele ser habitual, desde la parte baja hasta la alta del Ebro: «Quizás –explica– haya la misma gente, aunque lo dudo, y nos los estemos repartiendo entre más contratadores al estar activas a la vez la zona Oriental, la Alta y Alavesa, pero lo cierto es que no está siendo una recogida sencilla».

Alcolea, por su parte, confirma que en su sindicato UPA «estamos recibiendo llamadas de viticultores que necesitan trabajadores» y advierte de que no es un problema de que se pague poco por el trabajo: «Se paga siempre por encima de convenio, pero incluso cuando hay menos oferta de mano de obra el precio sube y se están ofertando 8 y 9 euros por hora, más por supuesto el alojamiento».

El técnico de UPA advierte de que muchos factores están fomentando la mecanización de la vendimia, que el año pasado alcanzó ya la cifra del 44%: «El COVID la impulsó, pero estoy convencido de que no habrá disminuido esta campaña porque los precios de la uva son los que son y es más barato mecanizar si se puede, y tampoco el año está siendo fácil obligando en determinados momentos a actuar rápido».

Alcolea lamenta las dificultades que, una tras otra, se suman para el viticultor, especialmente en las explotaciones familiares: «El año pasado fue una locura, con los protocolos exigidos para dar alojamiento y, pese al esfuerzo realizado, se pusieron sanciones a discreción, en casos incluso fuera de toda lógica por evaluaciones de riesgo correctas pero que se presentaron un día después, cuando todo era nuevo para el viticultor».

Burocracia

Fonseca coincide en que «desde luego la burocracia que se está exigiendo no ayuda en absoluto y, de hecho, desde ARAG-Asaja presentamos el año pasado a la Consejería de Agricultura un documento con los veintidós procedimientos que eran necesarios para dar de alta a un trabajador, lo que, desde luego, complica muchísimo la vida a cualquiera».

«El año pasado se pusieron sanciones a discreción, algunas incluso fuera de toda lógica», denuncia UPA

El secretario general de ARAG-Asaja también comparte que la vendimia mecánica «va como un tiro» y advierte de que «quizás haya que empezar a pensar en ayudar a estos viticultores que siguen trabajando viejos viñedos en vaso». Los bajos precios que las bodegas están ofertando por las uvas es otro factor que también influye: «Está claro que los costes de producción son cada vez más elevados, por lo que hay gente que está haciendo una vendimia más prolongada con sus propios medios o con poca ayuda», indica Fonseca.

Un punto para el que pide especial sensibilidad Néstor Alcolea: «No solo no se facilita la ayuda familiar, sino que se persigue y, a nuestro juicio, la Inspección de Trabajo debería hacer un esfuerzo con las pequeñas explotaciones familiares permitiendo esa ayuda no remunerada que la ha habido toda la vida, pero el viticultor tiene miedo».