Viñedos a través del 'Kintsugi'

El artista, Carlos Villosladada, en la inaguración de la muestra. /C.M.
El artista, Carlos Villosladada, en la inaguración de la muestra. / C.M.

14 esculturas dan vida a la exposición '14 latidos', una simbiosis entre arte y vino | Una centenaria filosofía japonesa sirve de hilo conductor a las obras de Carlos Villoslada, expuestas en Bodegas Carlos Moro

MARTA PALACÍNSan Vicente

Desde el 19 de julio las Bodegas Carlos Moro acogen la exposición '14 latidos', una muestra de otras tantas esculturas que utiliza la técnica japonesa del 'Kintsugi'. El autor, Carlos Villoslada, presenta su obra como «una delicada simbiosis entre el arte y el vino».

Esta exposición muestra el comportamiento de las cepas mediante esta técnica centenaria procedente de Japón, que consiste en reparar piezas de cerámica rota y otorgarles una nueva vida. Villoslada toma prestada la idea procedente de la tradición asiática compartiendo la idea de que una pieza rota «se revaloriza por la historia que deja escrita su cicatriz».

INFORMACIÓN PRÁCTICA

Lugar
Bodegas Carlos Moro, San Vicente de la Sonsierra
Horario
de lunes a domingo. Exposición de escultura, visitable al adquirir la entrada para recorrer la bodega. Reservar con antelación.
Fechas
abierta hasta el final del verano.

Las esculturas, bañadas en color blanco, evocan un símil con el vino. Al igual que éste, durante su proceso de envejecimiento, varía sus cualidades, así las obras de Villoslada irán modificando su aspecto original debido a la temperatura y la humedad que se encuentra dentro del calado. Con frecuencia las obras serán reparadas con un compuesto de base de oro, que lejos de esconder sus heridas, «honrará la vida de la pieza».

La muestra del artista se expone entre cepas de viñedos de 35 años de antigüedad cuyos cortes de poda y fisuras han sido realzados a través de esta filosofía procedente del país nipón.

La finalidad de la exposición es transmitir una experiencia diferente de turismo enológico, que fusiona arte y vino y que provoca que el visitante considere única la forma de conectar con el entorno de La Rioja. Como explica su autor, «paradójicamente, somos más hermosos, más resistentes y preciados tras sufrir estas heridas, al igual que ocurre en las cepas, que pretenden ser parte viva de la bodega que las alberga».

Las catorce esculturas que conforman la obra se encuentran situadas en el calado subterráneo de la bodega, y pueden ser visitadas de forma gratuita durante la visita a la misma. A lo largo del espacio dedicado al 'wine bar' también se pueden encontrar expuestas obras de pequeño formato.