Mi vino soy yo

Viejos viñedos a los pies de la Sierra de Cantabria. :: juan marín/
Viejos viñedos a los pies de la Sierra de Cantabria. :: juan marín

La originalidad del viñedo y también la personalidad del autor deberían reflejarse en los nuevos Riojas de 'Viñedo Singular'

ANTONIO REMESAL VILLARLOGROÑO.

El trabajo es un medio para ganarse la vida y satisfacer una serie de necesidades. Para algunos también es una vocación, con lo que a través de su desempeño obtienen una profunda dicha y plenitud. El trabajo del vitivinicultor vocacional es el de un artista que cuida las uvas con el mayor esmero para luego procesarlas en la bodega en la búsqueda del resultado deseado: un vino cuya naturaleza tiene que ver con el suelo donde la viña crece, las condiciones meteorológicas, los métodos, medios y técnicas productivos y de elaboración, pero también con la esencia del que lo ha trabajado. Su vino es él mismo y explica quién es. Indicábamos en estas mismas páginas el avance que supone la introducción de la nueva mención de 'Vinos de Viñedos Singulares' como una categoría de vinos superior en el catálogo de Rioja y lo deseable sería que esto fuera solo el principio de un proceso, cuya culminación vendría con la categorización de todos los vinos de Rioja en función del perfil productivo.

Recordemos que los vinos de viñedos singulares proceden de viñedos concretos, sometidos a mayores exigencias en el cultivo y elaboración y calificados como excelentes en una segunda cata previa a su salida al mercado.

Durante los últimos meses hemos tenido ocasión de catar un gran surtido de vinos que en poco tiempo podremos adquirir con la nueva etiqueta. En general, los vinos catados muestran, como es de esperar, una calidad extraordinaria, claramente por encima de la media de Rioja. Pero, nos preguntamos ahora, si este atributo es suficiente para que un vino se etiquete como singular. Si indagamos un poco en el significado de la palabra «singular», encontraremos como sinónimos «sublime, extraordinario o excelente». La palabra singular puede tener también la connotación de «raro, extraño o insólito», adjetivos que no expresan generalmente una virtud por lo que los dejaremos al margen. No me cabe duda que cuando salgan al mercado los vinos de viñedos singulares el requisito de excelencia lo cumplirán con holgura, no en vano deberán someterse a una cata previa a la comercialización. Pero hay otra acepción que recoge el diccionario y en la que me gustaría centrarme. La de singular como «único, personal, exclusivo, especial, distintivo, original», «con firma».

El mentor de un viñedo singular debe mirar más a su viñedo y a sí mismo que al posible mercado

Por definición, y a mi modo de ver, el vino de viñedos singulares debe ser un vino ligado al viñedo pero también al autor. Retrato del terroir del que procede, incluyendo en el concepto tanto el suelo, material vegetal, clima, pendiente, altitud, orientación o sistema de conducción, como el cultivo: lo que la persona aporta tanto en el cuidado de la tierra como en el ejercicio de su talento y conocimientos. Pero me temo que buena parte de los vinos que en pocos meses tendremos en el mercado como vinos de viñedos singulares son imagen y semejanza de otros ya encumbrados. Vinos elaborados con la idea de agradar a los que, más que beber, catan; para críticos o posibles prescriptores; para una minoría de gente muy experimentada, que participa como jurado en concursos; para personas en suma que tiene el poder de influir en lo que al consumidor objetivo debe, o no, gustar.

Volviendo al inicio del artículo en que se distinguía trabajo de vocación, sería deseable que se practicara la viticultura y la enología menos con la cartera y más con el corazón. Y es que, parafraseando a Sabina, «algunos van al amor como van al trabajo».

El vino de viñedo singular debe ser personal, ajeno al tiempo y a la crítica. Los vinos de viñedos singulares deben tener características originales que les distinga y no conformarse con ser solo grandes vinos. O lo que es lo mismo, el mentor de un vino singular debe mirar más a su viñedo y a sí mismo que al posible mercado. ¿Qué va a pasar cuando el gusto de los críticos cambie y decidan que los buenos vinos deben ser otros? ¿Daremos un giro al cultivo y elaboración para adaptarnos a los nuevos gustos?

Las grandes creaciones son inimitables. Una obra hecha a semejanza de otra, por bueno que sea el resultado, se convierte de inmediato en copia del original. Probablemente la perfección de un vino, como arte que es, no reside en el parecido con el modelo, sino en la sensación que conlleva su disfrute o contemplación. De genios como Miró, Kandinsky o Picasso, si no fuéramos tan políticamente correctos, podríamos decir que nos están tomando el pelo con algunos cuadros que son lo más parecido a 'borragatos' que un niño de tres años hace cuando le dan una caja de pinturas. Creadores, los tres, cuyas obras son reconocibles a primera vista y que, no se puede negar, tienen el poder de abstraer y de provocar emociones. Su arte es singular, es único y, además, tiene un gran público devoto. Los que han intentado 'fusilar' su estilo se han quedado en simples imitadores. Las grandes obras no han surgido tratando de imitar un modelo sino de la interpretación personal de una naturaleza.

Lo poco agrada pero lo mucho empalaga. Por otra parte, la calidad del vino de Rioja reside más en el equilibrio que en la abundancia. En los últimos años existe una tendencia a hacer vinos muy concentrados, con maceraciones largas, con mucho extracto y color, muy alcohólicos, vinos que casualmente suelen ser los más premiados, los más valorados, vinos que en la primera copa gustan muchísimo pero de los que se satura uno rápido. Vinos creados para la crítica, para ganar medallas, vinos con los que con la primera copa suspiras, pero que no te llama beber una segunda. El vino de Rioja es un vino de trago largo, un vino de compartir, de los que te sientas con los amigos y sin darte cuenta se vacía la botella. Esto es Rioja, y no el Rioja que hemos inventado para satisfacción de los críticos.

En conclusión, ahora que muchos bodegueros se apuntan a la alternativa de sacar sus vinos singulares sería bueno que pensaran más en lo que ellos y su viñedo concreto pueden ofrecer. Más en el vino que el viticultor, el enólogo o el bodeguero quieren hacer, que en el vino que a priori se sabe va a gustar a la crítica. Si no es así tendremos vinos excelentes, sublimes, técnicamente perfectos, pero sin alma.