Andrea Aragón

Hoy catamos... Campillo 57 Gran Reserva

Degustamos un vino sorprendente, elegante, goloso y con muchas cosas por contar

Inés Martínez
INÉS MARTÍNEZ Logroño

Que el vino se llame 57 no es una casualidad. La cifra está elegida a conciencia porque representa casi tantas cosas como las que representa este vino de Bodegas Campillo. «Es un año especial. A nivel mundial y nacional hubo determinados acontecimientos, como el tratado de Roma, salió el primer 600...», explica José María Moreda, enólogo del Grupo Faustino, que aclara que para la bodega es una fecha realmente significativa porque nació el primer hijo de la cuarta generación, José Miguel Martínez Zabala, así que es un claro homenaje a su figura y a esa generación.

«Nada más quitar el corcho ya encontramos muchas cosas», explica José Ramón Jiménez, El Educador en vinos, «no huele a cerrado, qué elegancia».

La capa de color es altísima y se trata de «un vino elaborado con tempranillo, aunque también lleva una buena parte de graciano, dos variedades para nosotros fundamentales»; explica Moreda, a lo que Jiménez añade que «no pierde la característica de tempranillo riojano». «Estamos probando un vino de 2011 y la fruta es brutal. Es de esos vinos para sacarle al típico 'cuñao' que sabe mucho. No diría nunca que es un gran reserva«, apuntan entre bromas los dos enólogos.

El tanino que tiene 57 hace que el vino tenga una vida largísima, «ha estado 24 meses en barrica de roble francés, y lo necesitaba para aguantar los años que tiene, y otros tantos más», asegura Moreda.

Un vino sorprendente, con historia y con muchas cosas que contar.

Campillo 57 Gran Reserva

  • Variedades Tempranillo y graciano

  • Elaboración 24 meses en barrica de roble francés Allier

  • Color Rojo picota con tonos rubies

  • Naríz: Aroma sensual, profundo y complejo donde destacan los aromas primarios a confitura de frutos rojos, regalíz y notas terciarias de pimienta, nuez moscada hinojo y torrefactos procedentes de su crianza en roble francés, todos ellos envueltos por una sensación de chocolate y vainilla.

  • Boca Extremadamente bien equilibrado, amable y goloso.

Andrea Aragón