Hoy catamos... Finca Zarzamochuelo

Probamos un vino diferente que concentra los aspectos característicos de la tierra de Bodegas Zugober-Belezos

Iñigo Zabala
IÑIGO ZABALA

A 520 metros de altitud, en el corazón de La Rioja Alavesa, entre Laguardia y Lapuebla, nació un vino diferente. Finca Zarzamochuelo, tilda su etiqueta, debido a la cantidad de zarzamora y mochuelo existente en el lugar. Un vino tinto por el que Bodegas Zugober-Belezos ha comercializado cerca de 9.000 botellas, y que representa de forma fiel, los valores que la bodega que este año ha cumplido 32 años, quiere representar, la diferenciación.

«El vino Finca Zarzamochuelo surgió para diferenciarnos del resto, ya que para pelear con las grandes bodegas del entorno, o produces algo singular o es muy complicado. Por ello optamos por jugar con nuestros terrenos, diferenciarnos en boca, en nariz. Quisimos expresar las características especiales de nuestros terrenos en la botella», afirma la hoy cara visible de la bodega, Manuel Gómez Bernardo. Hijo de Eduardo Gómez y Maribel Bernardo, fundadores de Zugober-Belezos. Presentar a todo el mundo el patrimonio vegetal que presenta esta bodega familiar.

Los 520 metros de altitud a los que se encuentra la finca, sobre un terreno pobre (sin exceso de materia orgánica) y calcáreo, aporta a la uva esa tenacidad, acidez y estructura diferente a otros terrenos. Un vino que sorprende también por un color muy alto, un rojo cereza que presenta mucha homogeneidad. Característica que le da el 10% de uva graciano que presenta este vino de 2015. «Esta variedad le da más frescura y esa intensidad de color, es una uva difícil en el sentido de que la maduración no suele ser siempre regular, hay que tener paciencia para que llegue al punto exacto de maduración. Tenemos que andar siempre esperando para buscar el punto óptimo de recogida», añade Manuel.

El 90% restante es Tempranillo. Variedad que aporta la frutosidad que se percibe cuando se prueba. Un vino que se sale de la línea habitual y que por tiempo, 16 meses en roble francés, puede ser un crianza o un reserva. «Buscábamos un equilibrio, combinar la frescura que te da el Graciano y la frutosidad que aporta el Tempranillo. Una combinación entre los aspectos característicos de la bodega y el trabajo que puedes ofrecer. Pero por encima de todo, queremos que el vino sea vino, sin florituras, que el vino sepa a uva», asegura Manuel Gómez Bernardo.

Un vino expresivo, complejo y cálido en boca, y balsámico y floral en nariz que puede ser un maridaje idóneo para carnes rojas y para salsas potentes. El sexto vino de los nueve que Bodegas Zugober-Belezos ha lanzado al mercado. Y habrá un décimo, un vino Garnacha monovarietal.