Rioja con nombre y apellido

Adriana Laucirica, en un momento de la presentación en el hotel Gran Vía. :: justo rodríguez/
Adriana Laucirica, en un momento de la presentación en el hotel Gran Vía. :: justo rodríguez

La bodega de Briñas profundiza en las raíces sonserranas y en la frescura en la nueva etapa con Adriana Laucirica al frente de la enologíaBodegas Tobelos cierra el primer semestre de catas del club de lomejordelvinoderioja.com

A. GIL

LOGROÑO. «El principal objetivo de Tobelos ha sido siempre elaborar vinos de calidad que expresen el terruño de la zona; tan sencillo como eso..., y creo que la bodega lo ha conseguido desde su origen y, por supuesto, vamos a seguir esa misma línea». A setas, a setas. Así se presentó el miércoles por la noche Adriana Laucirica, directora técnica de la bodega de Briñas, ante los aficionados ante el cierre semestral del club de catas de lomejordelvinoderioja.com.

Tobelos, que a principios de los años 2000 supo llegar a los consumidores con una propuesta de vinos frescos sin renunciar a principios básicos de Rioja, como la elegancia y la facilidad de trago, afronta una nueva etapa con Laucirica al frente del timón enológico quien, después de dos años, ha ido poco a poco ajustando las elaboraciones a la espera del lanzamiento de nuevas referencias, que llegarán poco a poco al mercado, como un blanco de la nueva categoría de Viñedo Singular del maravilloso viñedo en propiedad, Los Quiñones de Tobelos, donde las viejas cepas de viura conviven con los restos de una vieja ermita y una importante necrópolis de la zona, la Fonsagrada: «Si tenemos un viñedo singular desde luego es Los Quiñones y vamos a apostar por esta nueva categoría, que será positiva para Rioja porque estamos hablando de algunos de los mejores viñedos de la región».

LOS VINOS DE LA CATA

uTobelos Blanco 2017
9 euros.
uTobelos Blanco 2018
9 euros.
uTobelos Tempranillo 2015
11 euros.
uTobelos Garnacha 2016
15 euros.
uTahón de Tobelos 2012
21 euros.
uLeukade 2015
25 euros.

Tobelos, asentada en Briñas, se abastece de uvas propias y de proveedores del triángulo formado por esta misma localidad, Labastida y San Vicente (Rivas de Tereso): «Es una comarca muy especial, con un microclima de amplitudes térmicas entre estaciones y entre el día y la noche, con suelos arcillo calcáreos y con un viento de componente norte muy característico que nos ayuda a obtener vinos muy frescos con unas maduraciones pausadas y largas», explicó Laucirica. El resto del trabajo consiste en cuidar las uvas, la selección de todos los racimos y con una elaboración delicada en la que Adriana juega con el acero inoxidable, el hormigón y con las tinas de madera antes de la crianza en barrica.

La cata

La enóloga comenzó con una pareja de blancos, Tobelos Blanco 2017, actualmente en el mercado, y el futuro Tobelos 2018, que acaba de ser embotellado y permanecerá en bodega unos diez meses. «He querido poner estos dos vinos en la cata al mismo tiempo porque hay cambios en la composición varietal, con una base de viura en ambos casos (90% y 80%), sauvignon blanc en un 10% y otro 10% de garnacha blanca para la añada 2018; y también la crianza, con maderas de diferentes capacidades y otros materiales como el huevo de hormigón», detalló Laucirica. Vinos intensos en nariz, pero sobre todo con una boca amplia y larga a consecuencia del trabajo con las lías y, a la espera de la crianza pendiente en botella, las hechuras del 2018 parecen convencer más a la propia enóloga..., y al que escribe, sin demérito para el estupendo también 2017.

'Crianza' versus marca

Uno de los grandes logros de Bodegas Tobelos fue conseguir que su vino de crianza se llame por su nombre en las barras [«Póngame un Tobelos...»] y más cuando muchos crianzas de Rioja han entrado en una 'guerra de precios de derribo' al refugio de una mención que, si en su día fue importante, en la actualidad lo es cada vez menos: «Es el vino que más trabajo me exige; hacemos casi 200.000 botellas todos los años y no puedes fallar porque, sí o sí, hay que mantener esa calidad diferenciada que espera quien lo consume regularmente». Tobelos Tempranillo 2015 muestra ya una evolución respecto a la cosecha anterior fruto de los ensamblajes de la enóloga: «Quería un punto más de fruta, de frescura, manteniendo la crianza de doce meses en roble francés y americano». «Siempre me han gustado -confesó- los vinos de Tobelos, por lo que, ni consideramos ni pretendemos hacer 'locuras', sino simplemente retocar un poco los perfiles».

Tobelos Garnacha 2016 es una producción limitada. 14.000 botellas de un varietal de 'zona', de viejos viñedos de una comarca fresca, incluso atlántica en algunas añadas, que da un carácter de vino muy diferente a las garnachas de comarcas más mediterráneas de Rioja e incluso de las del Najerilla: «Utilizo barricas de 500 litros, de segundo uso, y con un máximo de diez meses porque es una variedad muy delicada y hay tener cuidado», advirtió Laucirica. Fresco, goloso, con nervio..., un vino para disfrutar.

Tahón de Tobelos 2012 es el más clásico de la casa. Un reserva de Rioja, con una larga crianza en barrica y en botella antes de salir al mercado. Es en el que más notoria se hace la madera y está destinado a un público habituado a este tipo de elaboraciones, en las que se combinan las notas del roble con las de fruta madura de una selección de viejos viñedos. Leaukade 2015 da todavía una vuelta de potencia al anterior, aunque en este caso criado exclusivamente en barrica francesa nueva: «Estamos hablando -describió Laucirica- de dos vinos 'gastronómicos', muy potentes y que sólo elaboramos en las añadas que dan la talla». Dos vinazos, especialmente este último, que son complemento de gama de Tobelos, un proyecto renovado, pero con una solvente base asentada en la Sonsierra, que continuará siendo la seña de identidad.